Hildegarda Ares
Poeta recién llegado
Cada mañana
Tu nombre en mis labios
canta dos historias
en un solo cuento.
Cada noche
Vuelve el lobo marino,
trashumante veleta
a su puerto desierto.
Cada segundo
Se está escapando sigiloso
por las mallas de la memoria
tu cimbreado recuerdo.
Cada minuto
Se escurre licencioso
por los resquicios de la soledad
tu nombre, en silencio.
Todas las mañanas
la nave retorna a un
curso vibrado por un
palpitar de alas aureoladas.
Caminito plateado
dejado por el ojo arcano
de un faro renqueando
en una mazmorra del manglar.
Cada noche
excruta las tinieblas
de un puerto inerme
que quiere despuntar.
Cada mañana
en la cumbra de la costa
un fleco cabriolero del mar
con una alameda soñando está.
Qué es más fácil
el contar los astros
desmemoriando la noche
que contar, una a una,
las perlas enconchadas
en el fondo de un sin final.
Tu nombre en mis labios
canta dos historias
en un solo cuento.
Cada noche
Vuelve el lobo marino,
trashumante veleta
a su puerto desierto.
Cada segundo
Se está escapando sigiloso
por las mallas de la memoria
tu cimbreado recuerdo.
Cada minuto
Se escurre licencioso
por los resquicios de la soledad
tu nombre, en silencio.
Todas las mañanas
la nave retorna a un
curso vibrado por un
palpitar de alas aureoladas.
Caminito plateado
dejado por el ojo arcano
de un faro renqueando
en una mazmorra del manglar.
Cada noche
excruta las tinieblas
de un puerto inerme
que quiere despuntar.
Cada mañana
en la cumbra de la costa
un fleco cabriolero del mar
con una alameda soñando está.
Qué es más fácil
el contar los astros
desmemoriando la noche
que contar, una a una,
las perlas enconchadas
en el fondo de un sin final.