Manuel Meneses Jimenez
Poeta recién llegado

Fueron,siempre, los presentes vigilados: los perseguidos de extrañas sombras amordazados de un tiempo del que buscaron escapar. Las noches eran sus refugios y también las trampas puestas al azar por aquellos otros que sin alma buscaban encontrarles y llevarles sin querer regalar tiempo para las despedidas. Eran hileras los que iban siendo llevados a la muerte segura, siempre allá arriba en la Cima,acompañados de silencios cómplices mientras desde detrás de las puertas y postigos entreabiertos eran mirados y despedidos por miradas ahogadas en silenciosos llantos; y así calladamente eran todas las despedidas.
Ya tiempo, después, quedaban las Siempre Muertas. Ellas, Muertas envida, mujeres luciérnagas de invierno, enlutadas y silenciadas como escondiendo de día su dolor y de noche sus vergüenzas. ¿Con qué les cerraron sus bocas para tan triste silencio?; ¿Con qué les taparon los ojos para tanta oscuridad?, ellas, las Siempre Muertas.
En aquellos barrancos sus quedaron siempre sus sombras – oscuras y asesinados -, sus sonrisas enterradas en paredes de piedras secas.Hoy aquellos sus pasos hacia la Cima quedaron bajo todos los asfaltos incluidos los de la vergüenza, los del miedo aún presente, los de todos los silencios. Hoy sus hijos son los hijos de las viejas heridas aún no cicatrizadas; hijos del olvido y del miedo. El tiempo no ha resucitado aún a sus muertos; en los oídos aún las campanadas de los cementerios, los disparos de gracias, los silencios todos y los pasos perdidos.
Hoy,sus nietos, no quieren esa Paz a la que aún temen; exigen el olvido como escudo contra el tiempo y las heridas. Desconfían pues no han olvidado que todas las muertes fueron anunciadas con silencios prolongados, con alejamientos y separaciones cobardes.
Ellos,los adelantados de Ellas, las Siempre Muertas y siempre vivas.
Manuel,África.
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