La muerte, que se acercaba con pasos tambaleantes hacia mí, estaba acelerando el paso. La veía ya correr ansiosa.
En mis ojos se puede escuchar que con cada calada que le doy al cigarro, mis pupilas gritan de agonía; cada bocanada de humo le da aliento a mi muerte, y fuerzas para alcanzarme. Lo veo todo negro. Sólo puedo oír el repiquetear de la lluvia en los cristales y unos latidos quedos que se van apagando. Poco a poco se me van nublando los sentidos. Mi voz ya no suena, o suena rota. Mi piel ya no siente. Pero mis ojos vieron de repente lo que podía ser un destello de esperanza, una chispa de vida.
Solamente era el brillo de una fría hoja de guadaña.
En mis ojos se puede escuchar que con cada calada que le doy al cigarro, mis pupilas gritan de agonía; cada bocanada de humo le da aliento a mi muerte, y fuerzas para alcanzarme. Lo veo todo negro. Sólo puedo oír el repiquetear de la lluvia en los cristales y unos latidos quedos que se van apagando. Poco a poco se me van nublando los sentidos. Mi voz ya no suena, o suena rota. Mi piel ya no siente. Pero mis ojos vieron de repente lo que podía ser un destello de esperanza, una chispa de vida.
Solamente era el brillo de una fría hoja de guadaña.