Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la noche se le volcó
su perol de luciérnagas,
y allí quedó: de bruñida
boca para la tierra,
salpicadas sus crías de luz
en su túnica negra.
¡Menos mal que algunas
cayeron a la huerta!
¡Coge las que guiñan, amor,
y yo, aquellas!
Que, como alcanzables,
serán las únicas estrellas...
©Juan Oriental
su perol de luciérnagas,
y allí quedó: de bruñida
boca para la tierra,
salpicadas sus crías de luz
en su túnica negra.
¡Menos mal que algunas
cayeron a la huerta!
¡Coge las que guiñan, amor,
y yo, aquellas!
Que, como alcanzables,
serán las únicas estrellas...
©Juan Oriental
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