las visitantes de los domingos

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
el domingo, a las 8 de la madrugada
dos mujeres testículas de jeová
-una que me recordaba a mi ex mujer y otra más flaca y narizona y fea-
tocaron a la puerta de mi residencia para decirme, entre otras importantes cuestiones
y sin que pareciera molestarlas que yo apareciera bajo el umbral en calzoncillos
que la vida es como un puto viaje en tren
en cuyo transcurso tenemos la maravillosa oportunidad
de hacer buenas obras y predicar la palabra de jeová
para que a la hora de nuestra muerte él esté contento con nosotros
y nos regale la vida eterna en el reino celestial
o alguna pendejada por el estilo

¿ha hecho usted, hermano villa
durante los años que lleva ya montado en el tren
los méritos suficientes para no acabar en los oscuros abismos del averno
una vez que su viaje haya llegado a la estación final?

me cago en el puto tren, hermanas testiculares
les dije amablemente con la resaca que me hacía sentir la cabeza
igual que si le hubieran pasado por encima 100 vagones de la pacific railroad company
cargados con equipo y materiales destinados a la construcción de portaaviones
reactores nucleares y edificios de 90 pisos
y me cago en el puto jeová y me cago en su puta congregación

y luego de expresarme en esos términos
les dije que, por si querían saberlo
para mí la vida era más bien
como una caja de cerillos llena de cerillos
y que vivir se trataba más o menos de
encender cada tanto uno de los mencionados cerillos
un cerillo cada vez, y esperar con el puto cerillo encendido
hasta que la llama terminara por consumir el cerillo y nos quemara los dedos
que vivir era precisamente eso
acumular cerillos consumidos y quemaduras
y una repugnancia cada vez mayor a seguir encendiendo los putos cerillos
que todavía restaban en la caja
no obstante la hermosa llama que emitían al hallarse encendidos
no obstante la calidez que nos envolvía al abrigo de esa llama
una repugnancia creciente ante el hecho de no poder vivir sin sufrir
una quemadura tras otra a fin de beneficiarnos
de la efímera felicidad de una puta lucecita temblorosa que en realidad
solo iluminaba una negrura omnipresente

algunos acabamos cogiendo la maldita caja de cerillos
queridas hermanas del predilecto jeová
para hundirla hasta el fondo de un barril de cerveza lleno hasta los topes
y allí la dejamos y nos olvidamos de los jodidos cerillos y la luz y el fulgor fabuloso
porque tantas quemaduras terminaron por jodernos los huevos
y hemos preferido por lo tanto resignarnos a transcurrir lo que nos queda de vida
reptando alcoholizados y babeantes como gusanos de alcantarilla
a través de la ominosa ciénaga de las bajas pasiones y el desenfreno eyaculatorio

todo esto les dije afectuosamente a las dos hermanas testiculares
y que mejor se fueran yendo no fuera a ser
que se me ocurriera cogerlas por los pelos y arrastrarlas dentro de mi pocilga
donde ya teniéndolas a mi merced
y estando para colmo yo borracho y privado por ello del autocontrol necesario
para no dejarme arrastrar por un brote psicópata de bestialidad lujuriosa
no contemplaba lejana la posibilidad de que
hallándose como se hallaba mi inmundo aparato reproductor
a punto ya, como sin duda podrían ellas constatar con sus propios ojos
de verse acometido por una monstruosa e insoportable erección
no me quedara más remedio que someterlas a ellas
que tan bondadosamente habían aparecido para interrumpir mi descanso dominical
y transmitirme el mensaje verdadero de la fe
a los peores ultrajes y vejaciones sexuales imaginables
desde luego culminando todo ello con el respectivo facial para cada una

estamos en las manos de jeová, dijo la más fea y flaca
adelantándose un paso en mi dirección hasta practicamente dejar adosada
la zona de su entrepierna bajo la falda a mi media erección
y si él en su infinita sabiduría quiere que nosotras, sus fieles servidoras
y predicadoras incansables de la palabra
atravesemos por el tormento de llegar a ser brutalmente enculadas como unas perras
por un depravado ser hundido en la ignominia
nosotras no habremos de oponer la menor resistencia
porque está escrito en el libro sagrado, corintios 40, 6, 66
que los designios de jeová encubren actos de zozobra de la carne
y recaídas en el fango y refocilamiento concupiscente
¿no es cierto, mi querida hermana domitila?


¿me pasa los cerillos para encender otro puto marlboro, hermano villa?


.
 
¡Jajaja! Que ocurrencias jocosas. Aunque confieso que he abierto mi puerta a los testiculos ( es en serio esto) en algún domingo , luego de cerrar la puerta agradecida por su pasión a Jehová, me pregunto si en realidad están convencidos de que voy derecho al infierno.
Me pareció muy imaginativa tu composición, aunque inquietante leer lo que pasa por la mente de un hombre que decide abrir la puerta en calzoncillos, pero aquí aprendo también. Jajaja. Una hermana sea fea Y flaca también está al servicio de salvar a su prójimo.
 

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