Le latía muy fuerte el corazón. El sudor frio del miedo resbalaba por su frente. Sabía que eran voces amenazadoras. ¿Los oía o los imaginaba? No estaba seguro de ello. Sentado en su cama veía por la ventana como se iba la noche. No podía dormir. Y las voces eran cada vez más fuertes. Huye… huye, se escuchaba. Ella vivía en el quinto piso de un edificio. Estaba asustada y ansiosa. No podía pedir ayuda en ese momento de la noche. Temía salir de su habitación. Se ahogaba en su agonía. Miraba la ventana como si lo llamara. La luna llena era su silencioso y único testigo, su luz le apaciguaba por momentos. Y el huye, huye le taladraba el cerebro. Estaba cerca de la ventana. No lo podía aguantar más. Saltó por la ventana al vacío. Su vida se ahogo para siempre.