LATIDOS DE NIEVE
Ya no quedan muros
donde recostar esta soledad
que sube como filigrana
frente a mi ventana.
La rosa yerta y muda
sacude su ombligo
velada de ansiedad.
Abedules crepitantes
arden en mis manos;
desasido en tu silencio
voy suplicando el sustento
de tu presencia.
Un musgo etéreo en el silencio,
delgada delicia entre la sombra
que me arrebata tu ausencia.
Hoy imploro la quietud de las aves
para este largo silencio,
que me resguarden sus alas
de estos latidos de nieve.
EBAN
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