Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
No deja de latir a pecho abierto
la víscera inmortal de roja flama,
aquella que da son al pentagrama
vital que quiere alzarse al descubierto.
Su cántico -en acierto o desacierto-
te lleva del escombro a la retama,
se entrega con pasión a la soflama
o mudo se amortaja como un muerto.
No deja de latir pero ¡oh, locura!,
a veces su cantar rezuma llanto
que anega las arterias de amargura…
A veces su latir quiebra el espanto
a fuerza de entregarse con dulzura
a darse, corazón, profano y santo.
la víscera inmortal de roja flama,
aquella que da son al pentagrama
vital que quiere alzarse al descubierto.
Su cántico -en acierto o desacierto-
te lleva del escombro a la retama,
se entrega con pasión a la soflama
o mudo se amortaja como un muerto.
No deja de latir pero ¡oh, locura!,
a veces su cantar rezuma llanto
que anega las arterias de amargura…
A veces su latir quiebra el espanto
a fuerza de entregarse con dulzura
a darse, corazón, profano y santo.