danie
solo un pensamiento...
Vengo a sonsacar a las cítaras de las Musas,
¡oh, eternas Musas!. Si el plectro dócil
menea aires bucólicos en sus odas,
euforia de loores soñando con agrestes
danzas intrépidas que narran
exóticas pasiones de alta alcurnia
o simples cantos heroicos y armónicos
sobre el bálsamo de las flores…
¡Oh, poderosas Musas!, ya puedo oír
sus aclamados bautices desde
la cúspide de aquél collado;
hábitat de excelsos dotes,
de églogas holistas que campanean
un axioma de Sófocles:
no nacimos para compartir el odio,
sino el amor…
¡Oh, divinas Musas!, si el coturno
a su paso masacraba pueblos,
derramando el fuego abolengo,
por la majadería de ser romano o griego,
infausto destino sosegado solo
por sus mantos ebúrneos
y por sus odas apolíneas;
yo como no enceguecerme
con sus hábitos líricos,
como no dulcificarme
con las melazas del monte Himeto…
¡Oh, celestiales Musas!, yo codicio
la aureola de los presbíteros
al oír la filarmónica sacra de su templo
y el tenor melifluo de su acorde…
¡Oh, mis Musas sin su amor yo me muero!
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