… y por esos ojos, que son como mineros…
y porque no sabíamos cómo finalizar esto de una forma más leve…
y por esos cauces melodiosos de las lavanderas,
y por esas columnas que sostienen las madrugadas…
y esos cipreses que dialogaban con las galaxias,
y esos anhelos de las luces del barrio…
y las manos del hermano,
y esos panes que se rellenaron de domingos…
y esos domingos, donde corren los zorros rojos
por esos bosques repletos de castañuelas…
y repletar esos instintos del arte de la paz,
y esa oscuridad, donde esconderme de mis pecados…