Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
A ella le llamaban Cascabel
porque brillaba en bronce
la purpurina de su maquillaje
y guardaba para sí un reproche
el sonido pequeño de un
Libre y sentimental
daba lecciones magistrales
al resto de los mortales
sobre escuchar el mar.
Le llamaban Cascabel,
porque nunca lograbas ver
ni en sus ojos ni sus cartas
más que un leve sonido torpe
del autentico estado de ánimo.
Con pasado en las esquinas
malabarista de camas usadas
Aunque no fue siempre así
cuando creyeron que nada tenías dentro
sonó de nuevo tu delicado cascabel.
Escondes dentro de tu metal
un tesoro precioso
que apenas muestras por timidez
por si molestas a alguien
con tan delicado sonido.
Regaba los geranios muertos
de aquella calle poco transitada
donde vivió un tiempo.
Acostumbrada a no recibir el Sol
escondía sus poemas bajo la almohada.
Un currículum lleno de fracasos
Estuche para gafas de pasta
que como fresco de Florencia
guardan tus ojos a los falsees
de hombres de media asta.
Sensata e inteligente
fingió luchar contra gigantes
para que éste Quijote
quedara impresionado
con movimientos semejantes.
No he vuelto a dar contigo,
aquella mirada almendrada
y los tirabuzones de tu melena
con que mis dedos jugaron tanto
aquella única madrugada.
Dejarme engañar
y simular que volviste a pasar.
Hoy me acordé de tí
puede que por casualidad
escuchará tu estropeado cascabel.