MarcosAb
Poeta recién llegado
Le pido a San Valentín
Llamo desde mi celular
a la patria celestial
para ver si alguien me consigue
a ese gran santo seductor.
La llamada se encuentra ocupada;
pierdo mi paciencia.
Me inundo en el océano de la incredulidad
y sufro desesperación.
Llamo desde mi celular
al país de las maravillas
para ver si alguien me consigue
a ese gran apasionado santo.
La llamada no llega;
mi cabeza sufre vértigo.
Me hundo en la arena movediza;
mi corazón vive clavado
con clavos mohosos.
Me conecto al Internet
para ver si lo encuentro por ahí.
Diviso una página cibernética
como un guardia en alta mar cuando ve tierra
en el horizonte.
Pero la página esta inactiva.
Entro a una iglesia
repleta de ángeles bellos
para ver si lo encuentro por ahí.
¡Parece que lo encontré!
Es un santo como ningún otro.
Muchas mujeres se morirían por alguien como el.
Su hermosura refresca mi desértica alma
cuyo peculiar mensaje de amor hace mesmerizar
hasta la piedra mas firme.
Estoy sentado atrás
esperando el momento de oración
para exponerle mi inquietud.
San Valentín penetra mis huesos
con el mensaje fructífero
y de poder sulfuroso
que quema todo mi cuerpo.
Camino hacia al altar;
me inclino hacia el
sin vacilar.
Siento mi mente hiperactiva
procesando palabras pasionales.
Le pido a Valentín
que clave el corazón de mi mujer ideal
con las flechas infernales
de su invencible poder casanóvico.
Pero en vez de eso,
San Valentín opta por dar su mayor sacrificio:
dotar mi alma
de sus dulces encantos.
Me dijo:
Con mi corazón vas a cautivar las mujeres.
Te lo doy por tu ser alguien dispuesto
a dar su vida por esa persona que ama.
Ve y continua la misión hasta que entiendas
el verdadero valor del altruismo
Gracias San Valentín
por ser un escogido santo de Dios
para que el amor siga perpetuándose
en el mundo entero.
Llamo desde mi celular
a la patria celestial
para ver si alguien me consigue
a ese gran santo seductor.
La llamada se encuentra ocupada;
pierdo mi paciencia.
Me inundo en el océano de la incredulidad
y sufro desesperación.
Llamo desde mi celular
al país de las maravillas
para ver si alguien me consigue
a ese gran apasionado santo.
La llamada no llega;
mi cabeza sufre vértigo.
Me hundo en la arena movediza;
mi corazón vive clavado
con clavos mohosos.
Me conecto al Internet
para ver si lo encuentro por ahí.
Diviso una página cibernética
como un guardia en alta mar cuando ve tierra
en el horizonte.
Pero la página esta inactiva.
Entro a una iglesia
repleta de ángeles bellos
para ver si lo encuentro por ahí.
¡Parece que lo encontré!
Es un santo como ningún otro.
Muchas mujeres se morirían por alguien como el.
Su hermosura refresca mi desértica alma
cuyo peculiar mensaje de amor hace mesmerizar
hasta la piedra mas firme.
Estoy sentado atrás
esperando el momento de oración
para exponerle mi inquietud.
San Valentín penetra mis huesos
con el mensaje fructífero
y de poder sulfuroso
que quema todo mi cuerpo.
Camino hacia al altar;
me inclino hacia el
sin vacilar.
Siento mi mente hiperactiva
procesando palabras pasionales.
Le pido a Valentín
que clave el corazón de mi mujer ideal
con las flechas infernales
de su invencible poder casanóvico.
Pero en vez de eso,
San Valentín opta por dar su mayor sacrificio:
dotar mi alma
de sus dulces encantos.
Me dijo:
Con mi corazón vas a cautivar las mujeres.
Te lo doy por tu ser alguien dispuesto
a dar su vida por esa persona que ama.
Ve y continua la misión hasta que entiendas
el verdadero valor del altruismo
Gracias San Valentín
por ser un escogido santo de Dios
para que el amor siga perpetuándose
en el mundo entero.