ALYA
Poeta fiel al portal
Un día los Dioses del Olimpo, se encontraron mientras paseaban por las nubes, se saludaron con recelo, mientras se miraban de reojo. Hacia tiempo que entre ellos se habían estado colando intrigas y maledicencias porque una malvada serpiente sembró el sentimiento de la competencia insana. Todos querían ser mejor que los demás y en el intento de demostrar su superioridad física, intelectual o su belleza, surgían roces y disgustos que estaban convirtiendo el paraíso del Olimpo en un verdadero infierno. De pronto Zeus, intervino y preguntó:
- ¿Qué pasa, los noto un poco enfadados?
- A lo que Hércules contestó:
- Lo que pasa es que es hora de elegir al más importante de nosotros, ese será nuestro Rey o Reina. En el Olimpo debemos tener claro quién es el mejor
- Todos a coro, dijeron:
- Yo soy, yo soy, yo soy el más importante, yo soy el mejor
- Silencio, gritó Zeus, todos deberán explicar, por qué merecen ser el rey o la reina.
Cada uno fue pasando y explicando su importancia y las razones por la que merecían gobernar a los demás. Algunos argumentaban sobre su belleza, su inteligencia, su fuerza, su astucia o su gracia, razones por las que debían tener supremacía sobre sus homólogos.
Al finalizar cada uno, Zeus, señaló:
- Nadie entre nosotros puede decir, quién es más importante o no. Ni yo puedo tomar esa decisión.
Todos a coro replicaban: -¿Quién lo hará entonces?
- Un mortal, respondió Zeus
Acordaron bajar a la tierra y al primer mortal que encontraran le iban a preguntar. Llegaron a un poblado rural de República Dominicana y encontraron a un niño con los pies descalzos a la orilla de un arroyito, dibujando caritas alegres en la tierra húmeda y lodosa. Se sorprendieron al ver que el niño no se inmutó con su presencia, ni que sus despampanantes aspectos lo impresionaban.
- Dinos pequeño mortal, quién de todos nosotros crees que es el más importante, el mejor. Sabemos que es una decisión difícil, dijo Apolo, intentando hacerse notar.
- Eso no es difícil, para mi, respondió el niño, en mi hogar todos somos importantes así como ustedes todos lo son, todos cumplen con una misión que beneficia a la humanidad y si dejan de cumplirla, los hombres vivirían en un caos. Qué sería del universo si los astros conspiraran, el sol es importante, la luna también lo es. Qué merito hay en sentirse superior a los demás
- Tienes razón pequeño mortal, señaló Atenea, algo avergonzada, la importancia de cada uno está en la responsabilidad con la que cada quien cumpla su deber. Nadie es más ni menos, todos somos importantes. Los demás Dioses estuvieron de acuerdo, aprendida la lección volvieron al Olimpo y contaron a Zeus lo sucedido.
- Me alegra esa decisión, señaló Zeus Paz y amor a los hombres y a los dioses y mirando a un puntito del vasto mundo reparó en el pequeño niño, que a orilla del arroyo ahora caminaba apoyado en un bastón porque sus piernas débiles no podían con todo el peso de su cuerpo y dejando caer una lágrima que se convirtió en lluvia de colores, Zeus susurró, tú eres el mejor y le concedió fortaleza a sus piernas y tomó de él la gracia de la humildad, desde entonces en el Olimpo, hay diferencias, pero se resuelven con respeto y armonía.
- ¿Qué pasa, los noto un poco enfadados?
- A lo que Hércules contestó:
- Lo que pasa es que es hora de elegir al más importante de nosotros, ese será nuestro Rey o Reina. En el Olimpo debemos tener claro quién es el mejor
- Todos a coro, dijeron:
- Yo soy, yo soy, yo soy el más importante, yo soy el mejor
- Silencio, gritó Zeus, todos deberán explicar, por qué merecen ser el rey o la reina.
Cada uno fue pasando y explicando su importancia y las razones por la que merecían gobernar a los demás. Algunos argumentaban sobre su belleza, su inteligencia, su fuerza, su astucia o su gracia, razones por las que debían tener supremacía sobre sus homólogos.
Al finalizar cada uno, Zeus, señaló:
- Nadie entre nosotros puede decir, quién es más importante o no. Ni yo puedo tomar esa decisión.
Todos a coro replicaban: -¿Quién lo hará entonces?
- Un mortal, respondió Zeus
Acordaron bajar a la tierra y al primer mortal que encontraran le iban a preguntar. Llegaron a un poblado rural de República Dominicana y encontraron a un niño con los pies descalzos a la orilla de un arroyito, dibujando caritas alegres en la tierra húmeda y lodosa. Se sorprendieron al ver que el niño no se inmutó con su presencia, ni que sus despampanantes aspectos lo impresionaban.
- Dinos pequeño mortal, quién de todos nosotros crees que es el más importante, el mejor. Sabemos que es una decisión difícil, dijo Apolo, intentando hacerse notar.
- Eso no es difícil, para mi, respondió el niño, en mi hogar todos somos importantes así como ustedes todos lo son, todos cumplen con una misión que beneficia a la humanidad y si dejan de cumplirla, los hombres vivirían en un caos. Qué sería del universo si los astros conspiraran, el sol es importante, la luna también lo es. Qué merito hay en sentirse superior a los demás
- Tienes razón pequeño mortal, señaló Atenea, algo avergonzada, la importancia de cada uno está en la responsabilidad con la que cada quien cumpla su deber. Nadie es más ni menos, todos somos importantes. Los demás Dioses estuvieron de acuerdo, aprendida la lección volvieron al Olimpo y contaron a Zeus lo sucedido.
- Me alegra esa decisión, señaló Zeus Paz y amor a los hombres y a los dioses y mirando a un puntito del vasto mundo reparó en el pequeño niño, que a orilla del arroyo ahora caminaba apoyado en un bastón porque sus piernas débiles no podían con todo el peso de su cuerpo y dejando caer una lágrima que se convirtió en lluvia de colores, Zeus susurró, tú eres el mejor y le concedió fortaleza a sus piernas y tomó de él la gracia de la humildad, desde entonces en el Olimpo, hay diferencias, pero se resuelven con respeto y armonía.
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