leer sin respirar

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
al amanecer vinieron dos hombres
vístete dijeron me vestí
eran de complexión recia vestían de negro llevaban
la cabeza encapuchada
salimos cogimos un taxi dale fuerte hijo de puta le dijo
uno de ellos al taxista viejo arrugado fumaba un cigarrillo
recorrimos dos docenas de calles cruzamos el río entramos
a la zona industrial dimos vuelta de un lado a otro siguiendo
un sinfín de callejuelas arrima el carro a ese puto
edificio lo arrimó se detuvo descendimos
del auto mejor esfúmate viejo el taxista no
se lo hizo repetir entramos había una mesa dos
sillas una cafetera un tipo detrás de un escritorio escribía algo en una
vieja olivetti siéntate dijo sacó la hoja
del rodillo leyó: me declaro culpable de
todos los cargos arriba mencionados y acepto de
buena gana someterme a la pena prescrita renunciando
de manera unilateral y no forzada a cualquier
derecho a juicio atentamente el mesías del siglo 21 enviado a
la tierra en lugar de jesucristo para
redimir a la humanidad el tipo puso luego
la hoja sobre la mesa me tendió un bolígrafo firma me dijo firmé los dos esbirros
de negro me cogieron de los brazos me empujaron fuera
del edificio le dimos vuelta por un lado llegamos a
la zona de aparcamiento no había muchos autos había también
una cruz de madera puesta sobre el piso la cagaste dijo
uno de los hombres acuéstate sobre
la cruz vamos a clavarte puto mesías postmoderno de
mierda hice lo
que me decían uno de ellos llevaba martillo clavos me pusieron
la mano derecha encima del extremo del
palo transversal de la cruz empezaron a
clavarme ardía un poco salió
un hilillo de sangre no mucha hicieron luego
lo mismo con la izquierda después
un pie el otro pie dijeron de puta madre levantaron la cruz conmigo clavado en ella y
la metieron en una especie de hueco previamente
practicado en el terreno a unos metros crecía
un arbusto una flor asomaba entre las
hojas una mariposa de alas azules revoloteaba
alrededor de la flor a lo lejos una luz suave
despuntaba sobre las colinas corría un airecillo fresco la sangre
fluía lentamente hacia afuera de mi cuerpo una
sensación de fracaso me invadió pensé veinte siglos esperando para
volver a salvar a esta bola de hijos de puta que habitan la tierra y otra vez

la cosa valió pa´pura verga
 
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