No habitábamos detrás de los perfiles
ni en el bostezo de la ciudad.
Habito yo sola en la madrugada de un taxi.
Lléveme lejos,
donde los tigres no puedan oler la piel
de esta ciudad que quema.
Y la tarde no sepa a tostadas compartidas.
Lléveme lejos,
hasta la superficie del desgarro,
allá donde suene la música.
Lejos, tan lejos,
que en la planta de mis pies florezcan amapolas.
Bellos versos!!, siempre es un gusto pasar por tus poemas.