Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Maderos sonríen al cosquilleo de una chispa,
labios dulces se consumen al compás de la chispa en el madero
y se consienten entrelazados suspendidos en suspiros,
rodando en el diván se sostienen los quejidos,
cayendo en cuclillas abrazados a las pupilas,
que se cierran y se abren,
cuán mariposas que se dejan a la brisa.
Leños en la chimenea ronronean sus llamas,
besos en la alfombra mullen cálidos recorriendo tu espalda,
sombras se quejan ahogando el ritmo del embaucador saxofón
y la luna comienza su peregrinar queriendo atrapar un hálito al sol,
más peregrino de tu piel gimo dentro de tu flor
y consiento los ojos que fisgonean tu silueta a contra-luz.
Troncos sostienen murmullos abrigados al arrullo,
dedos enredados ensortijan la cabellera , que pasean,
desde la nuca hasta donde la espalda se convierte en esencia
y estremezco cuando las gotas brillan en la penumbra
colándose por tu boca al estallido inminente,
ahogando el resuello que difícilmente sostiene tu vientre.
Las brazas atizan el aliento de la chimenea y su grieta,
los respiros detienen el tiempo en el suave tapiz de mirra
y por instantes sostengo la inspiración,
que aúlla bullente en el preludio exultante,
rompiendo el silente sonido que gimoteaba mi alma
y las siluetas se recortan exhaustas
e inmóvil se quedan contemplando,
como las chispas desaparecen solazadas danzando,
sobre el leño que desnudo yacían masticando el alba
labios dulces se consumen al compás de la chispa en el madero
y se consienten entrelazados suspendidos en suspiros,
rodando en el diván se sostienen los quejidos,
cayendo en cuclillas abrazados a las pupilas,
que se cierran y se abren,
cuán mariposas que se dejan a la brisa.
Leños en la chimenea ronronean sus llamas,
besos en la alfombra mullen cálidos recorriendo tu espalda,
sombras se quejan ahogando el ritmo del embaucador saxofón
y la luna comienza su peregrinar queriendo atrapar un hálito al sol,
más peregrino de tu piel gimo dentro de tu flor
y consiento los ojos que fisgonean tu silueta a contra-luz.
Troncos sostienen murmullos abrigados al arrullo,
dedos enredados ensortijan la cabellera , que pasean,
desde la nuca hasta donde la espalda se convierte en esencia
y estremezco cuando las gotas brillan en la penumbra
colándose por tu boca al estallido inminente,
ahogando el resuello que difícilmente sostiene tu vientre.
Las brazas atizan el aliento de la chimenea y su grieta,
los respiros detienen el tiempo en el suave tapiz de mirra
y por instantes sostengo la inspiración,
que aúlla bullente en el preludio exultante,
rompiendo el silente sonido que gimoteaba mi alma
y las siluetas se recortan exhaustas
e inmóvil se quedan contemplando,
como las chispas desaparecen solazadas danzando,
sobre el leño que desnudo yacían masticando el alba
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