Lenta se desviste la tarde
cuando la añoranza yace tranquila
en un sofá bíodegradable
de emociones deslucidas
Lenta viaja la esperanza
entre dulces nubes y amargas espinas,
cuando sueña
Cuando tropieza
Aunque aún no acuse agonía
Lenta la luna cambia su rostro
ante la incipiente luz del día;
y aunque su velo luzca roto
siempre la acogerá cansada y arrepentida
Lento discurre el verso,
entre una que otra línea
Lento penetra el verbo,
que se hace medicina
Lentos tus ojos negros,
para desnudar el alma mía
Pero más lento tu embelezo,
cuando desnuda, me mimas
Lento se pasa el tiempo,
cuando a mi lado no te siento
Y lento llega el silencio,
cuando te nombro y luego te pienso
Lento late mi corazón,
cuando la angustia repentina
-de perderte por traición-
en mis ojos se aglutina;
pero más lento sería el sufrimiento
si me dejaras vespertina
Lento danzan los perros
en danza de dientes, por la canina
Como lento frunces el ceño,
cuando los celos fustigan
Lento el acontecimiento
Como lento el vendedor de la esquina,
cuando el vendaval-de anunciamiento-
pasa a ventisca repentina
Lento el conocimiento,
pero alguna vez curarán el SIDA.
Lento el estancamiento,
en que esta relación está sumida
Lento el lobo feroz.
Lenta la húmeda dinamita
Lenta, pero precoz,
la sin par Caperucita
Lento se fue poniendo
el señor acaudalado,
que mientras más hacía dinero
más lento movía el horario
Lento se van acabando,
estos versos programados;
leedlos lento-que van tronando-
pero por favor, nos los leáis cansados