Agua líquida que se estanca y apacigua
cuando restriego mi mejilla
contra la tuya sin afeitar,
y no hay cielo
que a su color se asemeje,
puro azul de eléctrico mirar.
No hay voz como la que
de tu garganta surge,
profunda, templada,
capaz de enunciar
los más nobles sentimientos,
pero teñidos por un barniz
que destila completa sensualidad.
No hay verdad como la de tu mano
aferrando suavemente la mía,
transmitiendo la fuerza, la seguridad,
nacida de la emoción,
que una tarde de paraguas
el azar propició.
No hay calor
que consuma por dentro
como el de tu piel
ceñida a mi piel,
siguiendo tus dedos
el contorno de mis labios, secos,
que anhelan calmar la angustiosa sed.
No hay deseo como el que provocas,
de forma harto natural,
pues eres como el león
que sus dientes clava
sobre el cordero ante el altar
y éste no tiene más remedio
que su destino aceptar.
cuando restriego mi mejilla
contra la tuya sin afeitar,
y no hay cielo
que a su color se asemeje,
puro azul de eléctrico mirar.
No hay voz como la que
de tu garganta surge,
profunda, templada,
capaz de enunciar
los más nobles sentimientos,
pero teñidos por un barniz
que destila completa sensualidad.
No hay verdad como la de tu mano
aferrando suavemente la mía,
transmitiendo la fuerza, la seguridad,
nacida de la emoción,
que una tarde de paraguas
el azar propició.
No hay calor
que consuma por dentro
como el de tu piel
ceñida a mi piel,
siguiendo tus dedos
el contorno de mis labios, secos,
que anhelan calmar la angustiosa sed.
No hay deseo como el que provocas,
de forma harto natural,
pues eres como el león
que sus dientes clava
sobre el cordero ante el altar
y éste no tiene más remedio
que su destino aceptar.