Rafael Santos Loyola
Poeta recién llegado
LES
Valiente ante el colmillo de alguna hórrida fiera,
mujer del plenilunio que hasta el hierro envidiara,
no temes del aullido, tu temple es una hoguera,
luchando en la quijada que la sombra te enviara.
Cuando truene el bramido y la garra te malhiera
te levantarás pomposa a la luz que te ampara,
y aunque oculta en tu carne se encuentre la quimera,
la someterás como Belerofón mostrara.
Y sostuve esas manos, que son por arco y flecha,
intentando asistirte en la riña inclemente,
mas el amor no es cañón para balas argentas.
–Pero… vamos al bosque– me dices, de repente,
que mientras unas huyen cuando el cruel lobo acecha,
tú te eriges con vigor y sin miedo le enfrentas.
Valiente ante el colmillo de alguna hórrida fiera,
mujer del plenilunio que hasta el hierro envidiara,
no temes del aullido, tu temple es una hoguera,
luchando en la quijada que la sombra te enviara.
Cuando truene el bramido y la garra te malhiera
te levantarás pomposa a la luz que te ampara,
y aunque oculta en tu carne se encuentre la quimera,
la someterás como Belerofón mostrara.
Y sostuve esas manos, que son por arco y flecha,
intentando asistirte en la riña inclemente,
mas el amor no es cañón para balas argentas.
–Pero… vamos al bosque– me dices, de repente,
que mientras unas huyen cuando el cruel lobo acecha,
tú te eriges con vigor y sin miedo le enfrentas.
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