Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
El odio crece
fermentándose en pozos negros,
donde no hay perdón ni olvido.
Palpita bajo la piel
en cada respiro egoísta,
en cada gota amarga
de sangre enmudecida.
El odio impera,
se eleva en espirales rojas,
buscando carne y huesos
para cimentar dolor
en catedrales ajenas.
El odio se expande
en tibias mareas cómplices,
bajo mis ojos muertos
y mi saliva blasfema,
entre tus vísceras dispersas
y risa quebrantada.
El odio florece
en llamas carmesí
que bailan sobre tus pechos
y se refugian en tus muslos,
apagándose con tu sangre mezquina
y guardando silencio
ante tu alma entelerida.
El odio me llena,
me desborda en turbulencias fétidas,
dictándome las letras de tu nombre,
susurrando letanías a mi demencia,
mientras, en espasmos envilecidos,
lentamente arrebato tu vida.
fermentándose en pozos negros,
donde no hay perdón ni olvido.
Palpita bajo la piel
en cada respiro egoísta,
en cada gota amarga
de sangre enmudecida.
El odio impera,
se eleva en espirales rojas,
buscando carne y huesos
para cimentar dolor
en catedrales ajenas.
El odio se expande
en tibias mareas cómplices,
bajo mis ojos muertos
y mi saliva blasfema,
entre tus vísceras dispersas
y risa quebrantada.
El odio florece
en llamas carmesí
que bailan sobre tus pechos
y se refugian en tus muslos,
apagándose con tu sangre mezquina
y guardando silencio
ante tu alma entelerida.
El odio me llena,
me desborda en turbulencias fétidas,
dictándome las letras de tu nombre,
susurrando letanías a mi demencia,
mientras, en espasmos envilecidos,
lentamente arrebato tu vida.