Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando te tenía aquí,
amarrado al centro de la locura
con hilos gruesos de deseos,
aún en las noches más oscuras,
tú mantenías iluminada mi mente.
Pero te diluiste con mis besos,
te disolviste en mi boca,
como algodón de azúcar,
te desgasté con mis ganas,
y como en un acto de Houdini,
escapaste de aquellos hilos.
Y te fuiste
Ahora, en las noches negras,
-que se hacen frías y eternas-
me visita el insomnio,
y me acompaña en la espera,
de aquella ingrata Musa,
que no paraba de susurrarme al oído,
y que hoy permanece en silencio.
Y aquí estoy, esperando su murmullo.
amarrado al centro de la locura
con hilos gruesos de deseos,
aún en las noches más oscuras,
tú mantenías iluminada mi mente.
Pero te diluiste con mis besos,
te disolviste en mi boca,
como algodón de azúcar,
te desgasté con mis ganas,
y como en un acto de Houdini,
escapaste de aquellos hilos.
Y te fuiste
Ahora, en las noches negras,
-que se hacen frías y eternas-
me visita el insomnio,
y me acompaña en la espera,
de aquella ingrata Musa,
que no paraba de susurrarme al oído,
y que hoy permanece en silencio.
Y aquí estoy, esperando su murmullo.