Fernando Oviedo
Mirando el cenit de hace medio día.
Cuatrocientos cincuenta atardeceres y toda su paciencia han llevado agua a mis molinos: Hoy como una gota gorda creada a disfuerzos, no bastan los placeres de ganaduria en borlas y sus cuentos. Ayer miraba al cenit bravío de la tarde, las hojas que libaban garúas encontradas, los muros trémulos con sed saciada en interminable pensamiento mayor, hoy inermes a los desprecios del gentío presuroso y sus letrajes desiertos en monólogos virlados al ventoso cielo; soliloquios díafanos, bardos olvidos trabajosamente creados, van en ronda de claveles y geranios, a placeres de remolinillos de patio; alguien remite una fotografía de mariposa emperador retozando su traspalma; sin embargo, la imagen de chorrillos delineando tendeles no paran de recorrer mi iris derecho y de allí, a los himnos desbocados: Hoy, miro pues, sobre sépalos sus brillos en guiños del inacabable marzo, esperando la última jornada en códice de contentura de mirada sostenida, en larga, y deliciosa risotada de instrumentistas, que son luz para los dichos letrajes, del par de locos felices del planeta, denominado aún: Olvido.