R i g o
Poeta reconocido.
A Carlos; arruga este papel y trágatelo.
Insolación de invierno,
ternura atada a tu cuna de metal,
y el violín puerta oxidada,
que quisiste demoler a pedradas,
pero el metal se engrosaba,
te confinó a un breve espacio sin luz
Y te descubriste claustrofóbica en tu cuerpo.
A tus 17 años eras una niña
Pero no podías ya con este mundo,
¿Cuántas veces lo dijiste?
¿Cuántas lo gritaste llorando?
¿alguien alguna vez te escuchó?
No fuiste más que un rumor,
una sombra que, de cuando en cuando, estallaba
en luz, en violencia, con rabia de Wagner
a mitad del Abril cansado, un soplo fuiste
que giraba con cólera de huracán, que aullaba,
que lloraba hasta conciliar el sueño de redención,
buscando siempre un alivio, un descanso,
que ya llegó, que tú lo trajiste,
te lo ajustaste al cuello.
Esto es terrible,
tengo que sonreír,
Triste niña romántica,
me sorprende tu coherencia,
Mira que elegir una soga y un perchero
Te sugerimos el alcohol o la poesía
Pero, testaruda, te gusta la contundencia,
El terrible silencio
Después del crujir de las vértebras,
al caer.
Ah, triste niña si hubieras sabido que.
ternura atada a tu cuna de metal,
y el violín puerta oxidada,
que quisiste demoler a pedradas,
pero el metal se engrosaba,
te confinó a un breve espacio sin luz
Y te descubriste claustrofóbica en tu cuerpo.
A tus 17 años eras una niña
Pero no podías ya con este mundo,
¿Cuántas veces lo dijiste?
¿Cuántas lo gritaste llorando?
¿alguien alguna vez te escuchó?
No fuiste más que un rumor,
una sombra que, de cuando en cuando, estallaba
en luz, en violencia, con rabia de Wagner
a mitad del Abril cansado, un soplo fuiste
que giraba con cólera de huracán, que aullaba,
que lloraba hasta conciliar el sueño de redención,
buscando siempre un alivio, un descanso,
que ya llegó, que tú lo trajiste,
te lo ajustaste al cuello.
Esto es terrible,
tengo que sonreír,
Triste niña romántica,
me sorprende tu coherencia,
Mira que elegir una soga y un perchero
Te sugerimos el alcohol o la poesía
Pero, testaruda, te gusta la contundencia,
El terrible silencio
Después del crujir de las vértebras,
al caer.
Ah, triste niña si hubieras sabido que.