Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LETRERO EN MITAD DE LA NOCHE: MILKY WAY
(En algún lugar al suroeste de Arizona)
No bastará el cielo esta noche,
ni la superficie desértica desesperando
por la paz de la planicie,
el boscaje furioso y dormido de la estepa.
Esta noche tiene dientes paupérrimos
y hasta el coyote entona su treno malhumorado.
No bastará éste latido de leche íntima
reclamando su cruda orgía desde siempre.
El letrero indaga la prole lumínica,
la necesaria advertencia al contubernio.
!Cuánta falsedad la de la aurora errátil,
sus festones de helechos con brocados ,
sus rescoldos de savias núbiles que apenas irradia!
No hacen falta los prolegómenos, la lógica,
para descifrar el escrito hierático de las constelaciones
que desde aquí se divisan contemplando
los contornos boreales de los astros lejanísimos.
Mirar arriba es cosechar la nostalgia,
sembrar con la palabra infinidad de atroces costuras de fuego.
Ni siguiera escapa la prolijidad, el desgano,
el sexto arrebol, su canasto de crespones
azulando el suelo.
Tanta belleza circunscrita a la pasión, a la rabia
de otro día que sólo es noche ciega,
encrucijada que aterra muchedumbres celestes;
cercana está la habitación contigua a los dioses prohombres
que alguna vez cruzaron falaces el cosmos que hoy ciñe
la dimensión infinita, la paz impuntual pero humana
que alguna vez llegara sórdida, ladina.
Tan sólo compartir ésta dicha,
ser alguien o algo que apenas distingue
la noche de sus manos oscuras.
(En algún lugar al suroeste de Arizona)
No bastará el cielo esta noche,
ni la superficie desértica desesperando
por la paz de la planicie,
el boscaje furioso y dormido de la estepa.
Esta noche tiene dientes paupérrimos
y hasta el coyote entona su treno malhumorado.
No bastará éste latido de leche íntima
reclamando su cruda orgía desde siempre.
El letrero indaga la prole lumínica,
la necesaria advertencia al contubernio.
!Cuánta falsedad la de la aurora errátil,
sus festones de helechos con brocados ,
sus rescoldos de savias núbiles que apenas irradia!
No hacen falta los prolegómenos, la lógica,
para descifrar el escrito hierático de las constelaciones
que desde aquí se divisan contemplando
los contornos boreales de los astros lejanísimos.
Mirar arriba es cosechar la nostalgia,
sembrar con la palabra infinidad de atroces costuras de fuego.
Ni siguiera escapa la prolijidad, el desgano,
el sexto arrebol, su canasto de crespones
azulando el suelo.
Tanta belleza circunscrita a la pasión, a la rabia
de otro día que sólo es noche ciega,
encrucijada que aterra muchedumbres celestes;
cercana está la habitación contigua a los dioses prohombres
que alguna vez cruzaron falaces el cosmos que hoy ciñe
la dimensión infinita, la paz impuntual pero humana
que alguna vez llegara sórdida, ladina.
Tan sólo compartir ésta dicha,
ser alguien o algo que apenas distingue
la noche de sus manos oscuras.
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