BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se escuchan ruidos marítimos,
ahora, en las alas cartilaginosas,
se estremecen dos azules incendiados,
rosáceos, músculos devorados.
Aleves, los miembros protegidos,
se estimulan, renacen en brazos
de un aire fortuito, de una marea
completada.
Mi cuerpo, entumecido por largas
listas de palabras, es asediado por
vínculos, lazos, predios de delicados
aromas venerables.
Tu fragancia derrotada asoma
por la vereda; crujen
las dos alas, en incineradas formas.
©
ahora, en las alas cartilaginosas,
se estremecen dos azules incendiados,
rosáceos, músculos devorados.
Aleves, los miembros protegidos,
se estimulan, renacen en brazos
de un aire fortuito, de una marea
completada.
Mi cuerpo, entumecido por largas
listas de palabras, es asediado por
vínculos, lazos, predios de delicados
aromas venerables.
Tu fragancia derrotada asoma
por la vereda; crujen
las dos alas, en incineradas formas.
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