Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Libera tu rima esclava!
y háblame como antaño...
Voy a dejar mi mente en blanco,
que mis dedos sean alas
sin sumar yo la trazada.
Hoy quisiera que tus lindes
no cuadriculen el camino
del atabal de este latido,
que desbocado persiste
destrenzando las mimbres
de antiguas tristezas,
enquistadas, añejas,
de lágrima esquiva
y sonrisa desierta.
Que el breñal se cubra de flores,
migrando el otoño eterno
en el quicio de tu pecho.
Ni un segundo me abroches,
ni me tercies un redoble.
Pues el alma, fogosa, ¡danza!
y en ese impás, sorprendida,
se aferra al sentir que domina
las cuadernas de sus salvas
en un cielo de palabras
que no llueve granizo
de gélido trino,
ni baña el ensueño
con colores vahídos.
Son tuyos todos mis versos,
hasta los que escribí aguardando
en un deshojar de pétalos rancios.
En tus manos, mi tiempo
se quedó anclado en tu puerto...
Mi vida, no sé qué decirte
que no suene trillado,
¡qué susurro!, ¡qué canto!
Basta quizás con que mires
cómo mis ojos te sonríen,
hoy, mañana y siempre...
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