María del Mar Martínez
Poeta recién llegado
Última edición:
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En mi cielo despunta el ocaso gris
y en mi alma la liebre y la perdiz
despierta en mí la niebla en la sombra
y en el horizonte el sueño no alumbra.
Se empasta la sal sobre la herida
y un cántaro de hiel se vierte en la piel
crece el bejuco amargo que se fija
en las venas del alma y en las fibras.
Y llega un fuerte grito que se ahoga
que boga en la dureza del silencio
que azota con el mallete de la boca
y me refugio callada en mi aposento.
Y duermo en mis adentros, con mis ojos
plisados, miro mi alma sollozando
la consuelo, le digo no más tristezas
es tarde ya, la punzada está adentro.
Es la ponzoña del mal que no descansa
que trae en abundancia las dolencias
que en la orbe rebosa y nos desvela
aun así, la maldad se paga con amor.
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En mi cielo despunta el ocaso gris
y en mi alma la liebre y la perdiz
despierta en mí la niebla en la sombra
y en el horizonte el sueño no alumbra.
Se empasta la sal sobre la herida
y un cántaro de hiel se vierte en la piel
crece el bejuco amargo que se fija
en las venas del alma y en las fibras.
Y llega un fuerte grito que se ahoga
que boga en la dureza del silencio
que azota con el mallete de la boca
y me refugio callada en mi aposento.
Y duermo en mis adentros, con mis ojos
plisados, miro mi alma sollozando
la consuelo, le digo no más tristezas
es tarde ya, la punzada está adentro.
Es la ponzoña del mal que no descansa
que trae en abundancia las dolencias
que en la orbe rebosa y nos desvela
aun así, la maldad se paga con querencias.
La tristeza se anida en tus versos y se desahogan tus emociones, lo he disfrutado en su totalidad, saludos cordiales.![]()
En mi cielo despunta el ocaso gris
y en mi alma la liebre y la perdiz
despierta en mí la niebla en la sombra
y en el horizonte el sueño no alumbra.
Se empasta la sal sobre la herida
y un cántaro de hiel se vierte en la piel
crece el bejuco amargo que se fija
en las venas del alma y en las fibras.
Y llega un fuerte grito que se ahoga
que boga en la dureza del silencio
que azota con el mallete de la boca
y me refugio callada en mi aposento.
Y duermo en mis adentros, con mis ojos
plisados, miro mi alma sollozando
la consuelo, le digo no más tristezas
es tarde ya, la punzada está adentro.
Es la ponzoña del mal que no descansa
que trae en abundancia las dolencias
que en la orbe rebosa y nos desvela
aun así, la maldad se paga con querencias.
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