Orfelunio
Poeta veterano en el portal

Límbico
Por más que mordaza
se esfuerce en dureza,
el camino es la caza
y la vida la pieza.
Si fuera volante
la espada que pesa,
se alejara distante
lo que dista la presa,
por ser cabalgante
si el hambre no cesa.
Me inclino a Tidos,
el dios de toda tez,
que guerrea con el Midos,
otros dios de la idiotez.
En los Tufos sufridos,
que son dioses de hez,
con su mácula heridos,
resoplan bufidos
sobre toda rojez.
Alguien me sigue desde las sombras
en vacuas médulas sangrantes;
me persiguen puñales con sus robras
para darme su presente delirante.
Si me escapo siempre encuentran
el sendero corredor desafiante,
que atisban lo ojos que nos muestran
el deseo del dios Ido rutilante.
Reconocí al peregrino
vestido de negro;
iba con sus cruces y rosarios,
con sus rezos y conchas
con sus mil escapularios.
Desperté en la brisa desierta,
y con la lente del sol, las hojas secas,
conseguí hacer calor
que era la luz que me alimenta.
No me mira la agonía
ni me ve de rey infante;
si me viera en ese día,
sería el Dios de la autoría
el esclavo ser triunfante,
que hizo escala en la isla
donde el limbo vaga errante.