Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por el Camino Viejo, bordeando por el norte el Lago Topacio, después de atravesar la Tierra de las Nieblas Glaucas, un sendero de hierba conduce hasta el Bosque Añoso. Todo él es impresionante, sus árboles grandes, de copas extendidas que dan una sombra generosa y fresca y sus cortezas rugosas que cuentan por cientos las primaveras que los han vestido. Cerca del Arroyo Claro, los robles presentan sus hojas doradas, como cubiertas de pan de oro y despiden una luz especial cuando son bañadas por los rayos del sol que regalan destellos de colores cuando atraviesan las gotas de rocío en las mañanas.
Allí, vive Lirio con su madre. Lirio todavía es pequeña y un poco traviesa. No suele ser desobediente, aunque alguna vez no hace caso su mamá. Y cuando esto pasa, ocurren los pequeños sustos, como el día en que por perseguir a una rana, terminó por caerse al agua, con el consiguiente susto y el consabido chapuzón. Aquel día sus rizos rubios, de la melena de la que tan ufana estaba, quedaron empapados y lacios, con gran disgusto de Lirio y las risas de su madre que siempre le decía que dejase tranquilas a las ranas y que tuviese mucho cuidado al acercarse al agua. En esas ocasiones Lirio se enfadaba y en casa le decían:
- Te vas a convertir en un trasgo -.
Y ella replicaba muy ofendida:
- Yo voy a ser un hada-.
En otras ocasiones, su madre la pillaba apretando en fuerte abrazo las flores y tenía que reprenderla, pues tan fuerte lo hacía que se ajaban las flores.
-Ya te digo que vas a terminar siendo un trasgo. Las flores necesitan mimos y que se las trate con cuidado-.
Decía la mamá.
Y entonces Lirio se separaba un poco y besaba delicadamente los pétalos, mientras su madre la observaba a hurtadillas y sonreía.
Por lo demás Lirio era como son las niñas a su edad, curiosa, preguntona (aburría a su madre con sus - Mamá, por qué... -)
Siempre que podía ayudaba en casa y ya sabía que frutas del bosque se podían coger y cuales no. Así, cuando salía por los alrededores, volvía casi siempre con su cesta llena de frambuesas, arándanos, moras, según lo que hubiese en cada época del año.
En casa, con su madre, su padre y sus hermanos iba aprendiendo las tareas del bosque. Cómo cuidar los viejos árboles. Plantar romero y brezo para que las abejas puedan hacer su miel. Vigilar los nidos, para que el cuco no abuse de los pájaros más pequeños. Recoger las bellotas más hermosas y guardarlas para próximos años.
El día que cumplió diez años, su madre la levantó temprano y la dio un gran baño, con espuma de la hierba jabonosa. Después peinó con cariño y cuidado su largo cabello y le hizo un recogido con caléndulas. Estrenó vestido, un lindo vestido con reflejos irisados.
Una vez preparada, tomaron el camino hacia el árbol más añoso , el que tiene la entrada al Palacio de Luz y llegaron al salón donde se encontraban Titania y Oberón.
Lirio estaba nerviosa y un poco preocupada, pues no sabía qué iba a ocurrir. Oberón la miró con cierta seriedad y luego leyó el informe que su chambelán le entregó. Una gran sonrisa se pintó en su cara cuando dijo
-Veo que has sido responsable y buena. Que has aprendido los oficios del bosque y que estás preparada para ser un hada.-
Y tocando con manos la espalda de Lirio, brotaron dos hermosas alas.
- ¡Ya soy un hada, mamá! -.
Fue todo lo que acertó a decir, entre las risas de todos.
Y a continuación pasaron a disfrutar del gran desayuno que los reyes habían mandado preparar.
De ese modo, con canciones, música, bromas, buen ambiente y amor, pudo por fin nuestra Lirio dar su primer vuelo estrenando sus preciosas alas nuevas.
Allí, vive Lirio con su madre. Lirio todavía es pequeña y un poco traviesa. No suele ser desobediente, aunque alguna vez no hace caso su mamá. Y cuando esto pasa, ocurren los pequeños sustos, como el día en que por perseguir a una rana, terminó por caerse al agua, con el consiguiente susto y el consabido chapuzón. Aquel día sus rizos rubios, de la melena de la que tan ufana estaba, quedaron empapados y lacios, con gran disgusto de Lirio y las risas de su madre que siempre le decía que dejase tranquilas a las ranas y que tuviese mucho cuidado al acercarse al agua. En esas ocasiones Lirio se enfadaba y en casa le decían:
- Te vas a convertir en un trasgo -.
Y ella replicaba muy ofendida:
- Yo voy a ser un hada-.
En otras ocasiones, su madre la pillaba apretando en fuerte abrazo las flores y tenía que reprenderla, pues tan fuerte lo hacía que se ajaban las flores.
-Ya te digo que vas a terminar siendo un trasgo. Las flores necesitan mimos y que se las trate con cuidado-.
Decía la mamá.
Y entonces Lirio se separaba un poco y besaba delicadamente los pétalos, mientras su madre la observaba a hurtadillas y sonreía.
Por lo demás Lirio era como son las niñas a su edad, curiosa, preguntona (aburría a su madre con sus - Mamá, por qué... -)
Siempre que podía ayudaba en casa y ya sabía que frutas del bosque se podían coger y cuales no. Así, cuando salía por los alrededores, volvía casi siempre con su cesta llena de frambuesas, arándanos, moras, según lo que hubiese en cada época del año.
En casa, con su madre, su padre y sus hermanos iba aprendiendo las tareas del bosque. Cómo cuidar los viejos árboles. Plantar romero y brezo para que las abejas puedan hacer su miel. Vigilar los nidos, para que el cuco no abuse de los pájaros más pequeños. Recoger las bellotas más hermosas y guardarlas para próximos años.
El día que cumplió diez años, su madre la levantó temprano y la dio un gran baño, con espuma de la hierba jabonosa. Después peinó con cariño y cuidado su largo cabello y le hizo un recogido con caléndulas. Estrenó vestido, un lindo vestido con reflejos irisados.
Una vez preparada, tomaron el camino hacia el árbol más añoso , el que tiene la entrada al Palacio de Luz y llegaron al salón donde se encontraban Titania y Oberón.
Lirio estaba nerviosa y un poco preocupada, pues no sabía qué iba a ocurrir. Oberón la miró con cierta seriedad y luego leyó el informe que su chambelán le entregó. Una gran sonrisa se pintó en su cara cuando dijo
-Veo que has sido responsable y buena. Que has aprendido los oficios del bosque y que estás preparada para ser un hada.-
Y tocando con manos la espalda de Lirio, brotaron dos hermosas alas.
- ¡Ya soy un hada, mamá! -.
Fue todo lo que acertó a decir, entre las risas de todos.
Y a continuación pasaron a disfrutar del gran desayuno que los reyes habían mandado preparar.
De ese modo, con canciones, música, bromas, buen ambiente y amor, pudo por fin nuestra Lirio dar su primer vuelo estrenando sus preciosas alas nuevas.
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