Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Quédate
te dije
y
antes de tocarte
te besé.
¿Recuerdas?
Contigo,
como un niño estático yo
y tu violándome
con mil miradas
sin atreverte.
Te quedabas tranquila
cuando acariciabas mi espalda,
en el beso éramos uno,
cada uno mitad de nada,
uno en el beso,
y después
cada error
lo partíamos en dos.
Dentro del beso,
el tiempo se evaporaba
en su enjambre
de caracolas.
Eras toda blanca
entre mujeres verdes,
una chiquilla húmeda de labios secos
como una mariposa
hacia el encuentro del alba.
Nos amamos durante siglos
y estábamos conociéndonos todavía,
fue otro tiempo equivocado de besos,
la luz
hoy no podría confesar tu edad.
¿A qué distancia de mí te estás maquillando ahora?
Anoche dormí bajo tus brazos.
Sobre tus labios soñé.
Y volvió el pan a latir
en el mantel de los besos
y seguía siendo tu cuerpo
la promesa de un trueno.
Por eso,
embrujo la tijera cortando el calendario
y liróforo alumbro palabras con mi mano,
y me digo, me pregunto para qué, porque,
¿cómo puede el sufrimiento estar hecho de palabras?
Me sobra el engaño, siento,
de prestar mi presente a tu pasado,
mientras reflexiono qué hacer
con esa mujer perezosa,
impávida, desnuda,
que a todos besa
y que tampoco se atreve
a salir del televisor.
...
..
.
Chus Soriano
.
Quédate
te dije
y
antes de tocarte
te besé.
¿Recuerdas?
Contigo,
como un niño estático yo
y tu violándome
con mil miradas
sin atreverte.
Te quedabas tranquila
cuando acariciabas mi espalda,
en el beso éramos uno,
cada uno mitad de nada,
uno en el beso,
y después
cada error
lo partíamos en dos.
Dentro del beso,
el tiempo se evaporaba
en su enjambre
de caracolas.
Eras toda blanca
entre mujeres verdes,
una chiquilla húmeda de labios secos
como una mariposa
hacia el encuentro del alba.
Nos amamos durante siglos
y estábamos conociéndonos todavía,
fue otro tiempo equivocado de besos,
la luz
hoy no podría confesar tu edad.
¿A qué distancia de mí te estás maquillando ahora?
Anoche dormí bajo tus brazos.
Sobre tus labios soñé.
Y volvió el pan a latir
en el mantel de los besos
y seguía siendo tu cuerpo
la promesa de un trueno.
Por eso,
embrujo la tijera cortando el calendario
y liróforo alumbro palabras con mi mano,
y me digo, me pregunto para qué, porque,
¿cómo puede el sufrimiento estar hecho de palabras?
Me sobra el engaño, siento,
de prestar mi presente a tu pasado,
mientras reflexiono qué hacer
con esa mujer perezosa,
impávida, desnuda,
que a todos besa
y que tampoco se atreve
a salir del televisor.
...
..
.
Chus Soriano
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