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Poeta recién llegado
En una mañana nublada y fría
Sentada estaba una hermosa niña
Al borde de un solitario balcón,
Contemplando el jardín, con cierto dolor,
Mirando los helechos, con ensoñación,
Mientras una rosa en sus manos,
Acariciaba su piel con dedicación
Entonces mira hacia arriba y luego,
Entre las nubes divisa un vacio
En donde un rayo de luz escapa
Y logra iluminar su rostro fino,
Haciendo reaccionar a la dama,
Quien suelta la rosa al instante
Sintiendo aquel calor revelante
Que le dice: ¡no te rindas!;
Que le pide que se levante,
Mientras que entre los helechos
Bajo hojas estaba un niño,
Que en lo secreto deseaba,
Conocer a la dama de arriba
Para dedicarle versos libres,
Y una que otra melodía
Aquel joven que en silencio la veía,
Sentía entonces que era muy capaz,
De ver dentro de la niña,
De sus tristezas alegrar
De aquellos vacios llenar,
De nunca hacerla llorar
Con sus sueños de papel,
Empapados de llovizna;
Con sus ojos que reflejan
Su pura inocencia,
Atrapo la mirada ingenua
Del joven que abajo vive
Los segundos que no recibe,
Que todos los días insiste
En juntar valor suficiente
Para no quedar inerte
Cuando ella este en frente
Ese joven que se inhibe así,
De cometer algún error,
Ese joven callado que soy yo,
Quien calla por esa niña,
Dueña de la luz del Sol,
Dueña de otro corazón
Soy yo el que se esconde,
Quien se esconde de la luz,
Y soy yo el que hoy calla,
Por esa niña que eres tú…
- Jesús Gabriel Díaz Pulgar -
Sentada estaba una hermosa niña
Al borde de un solitario balcón,
Contemplando el jardín, con cierto dolor,
Mirando los helechos, con ensoñación,
Mientras una rosa en sus manos,
Acariciaba su piel con dedicación
Entonces mira hacia arriba y luego,
Entre las nubes divisa un vacio
En donde un rayo de luz escapa
Y logra iluminar su rostro fino,
Haciendo reaccionar a la dama,
Quien suelta la rosa al instante
Sintiendo aquel calor revelante
Que le dice: ¡no te rindas!;
Que le pide que se levante,
Mientras que entre los helechos
Bajo hojas estaba un niño,
Que en lo secreto deseaba,
Conocer a la dama de arriba
Para dedicarle versos libres,
Y una que otra melodía
Aquel joven que en silencio la veía,
Sentía entonces que era muy capaz,
De ver dentro de la niña,
De sus tristezas alegrar
De aquellos vacios llenar,
De nunca hacerla llorar
Con sus sueños de papel,
Empapados de llovizna;
Con sus ojos que reflejan
Su pura inocencia,
Atrapo la mirada ingenua
Del joven que abajo vive
Los segundos que no recibe,
Que todos los días insiste
En juntar valor suficiente
Para no quedar inerte
Cuando ella este en frente
Ese joven que se inhibe así,
De cometer algún error,
Ese joven callado que soy yo,
Quien calla por esa niña,
Dueña de la luz del Sol,
Dueña de otro corazón
Soy yo el que se esconde,
Quien se esconde de la luz,
Y soy yo el que hoy calla,
Por esa niña que eres tú…
- Jesús Gabriel Díaz Pulgar -