Mi alma se inunda de aquellos recuerdos
Son como cristales horrorizados
De los cuales, me lleno eternamente
Y se van diluyendo lentamente
Pasean por mis ojos, por mi cuello
Entre mi nariz floja, sin destello
Resbalan y ciegamente se acaban
Deslizándose por mí pecho y bajan
En picada clavando al corazón
Escondiéndose cuidadosamente
Callados, bañándolo todo en dolo
Allí donde se pierde la razón
Y deja, una marca tímidamente
Como para tatuarlo, marchitándolo.
Última edición: