Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
A Cecilia, enamorada del otoño.
Esta tarde pinta el sol de oro
los muros de las iglesias.
Quiere dar ya color de otoño a las calles,
a las casas, a las pérgolas.
Y se doran las uvas blancas en la parra,
Mientras se oscurecen las uvas tintas en la cepa.
Sobre las tapias de la calle
se asoman las ramas de una higuera,
que ofrece sus frutos maduros,
y endulza el aire. Revolotean las abejas.
En la reja de tu puerta,
se abrió, oferente, una granada
y sus rubíes brillantes y rojos,
invitan a cogerla.
El manzano de la escuela
vistió en granates sus manzanas
y pugnan los chiquillos
por ser los primeros en alcanzarlas.
Llama a la puerta el otoño
y me invade la nostalgia.
Esta tarde pinta el sol de oro
los muros de las iglesias.
Quiere dar ya color de otoño a las calles,
a las casas, a las pérgolas.
Y se doran las uvas blancas en la parra,
Mientras se oscurecen las uvas tintas en la cepa.
Sobre las tapias de la calle
se asoman las ramas de una higuera,
que ofrece sus frutos maduros,
y endulza el aire. Revolotean las abejas.
En la reja de tu puerta,
se abrió, oferente, una granada
y sus rubíes brillantes y rojos,
invitan a cogerla.
El manzano de la escuela
vistió en granates sus manzanas
y pugnan los chiquillos
por ser los primeros en alcanzarlas.
Llama a la puerta el otoño
y me invade la nostalgia.
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