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Poeta recién llegado
Llamas azules
Pulsadas violentas
prenden sobre llamas en mi corazón.
Puedo sentir el peligro
de lo que siento sobre mí,
con los pies en la tierra
y la mente sobre las nubes,
sumergiéndome
en sangre pura,
llamando a las sirenas
de la soledad danzante,
bailarina de mis impulsos,
sumergiéndome en más impulsos elocuentes.
Mi rostro
se ha perdido sobre el azul,
manteniéndome en introspección,
en un eco infinito.
Punzantes agudos
en mi mente,
sin dejar espacio alguno
para el blanco puro.
Sobre mi vida
ya no puedo sumergirme,
solo me mantengo
sobre el gran hoyo,
escuchando esa voz
en mi cabeza,
resonando:
ella, ella.
Y el amor parece sedarse
sobre el río brilloso de la noche.
Puedo escuchar el piano
sobre mi cuerpo,
tocándose una y otra vez
sobre la misma melodía,
bailando la misma canción,
una y otra vez,
llorando una y otra vez,
sobre burbujas
extrayendo mi alma.
Y descanso,
animándome a llamar
las llamas azules de tu cuerpo,
tan limpio sobre cualquier superficie,
con esos tonos tan tuyos.
Eres lo mismo,
desvaneciéndose,
sin ser tan intenso,
o a punto de reventarme en llanto.
Entonces danzo,
llorando sobre ti.
No puedo escapar
de ese tono tan azul
sobre mi piel
y mi alma.
Pulsadas violentas
prenden sobre llamas en mi corazón.
Puedo sentir el peligro
de lo que siento sobre mí,
con los pies en la tierra
y la mente sobre las nubes,
sumergiéndome
en sangre pura,
llamando a las sirenas
de la soledad danzante,
bailarina de mis impulsos,
sumergiéndome en más impulsos elocuentes.
Mi rostro
se ha perdido sobre el azul,
manteniéndome en introspección,
en un eco infinito.
Punzantes agudos
en mi mente,
sin dejar espacio alguno
para el blanco puro.
Sobre mi vida
ya no puedo sumergirme,
solo me mantengo
sobre el gran hoyo,
escuchando esa voz
en mi cabeza,
resonando:
ella, ella.
Y el amor parece sedarse
sobre el río brilloso de la noche.
Puedo escuchar el piano
sobre mi cuerpo,
tocándose una y otra vez
sobre la misma melodía,
bailando la misma canción,
una y otra vez,
llorando una y otra vez,
sobre burbujas
extrayendo mi alma.
Y descanso,
animándome a llamar
las llamas azules de tu cuerpo,
tan limpio sobre cualquier superficie,
con esos tonos tan tuyos.
Eres lo mismo,
desvaneciéndose,
sin ser tan intenso,
o a punto de reventarme en llanto.
Entonces danzo,
llorando sobre ti.
No puedo escapar
de ese tono tan azul
sobre mi piel
y mi alma.
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