Josué M. Marrero
Poeta recién llegado
El retirado en una montana
Solo y ermitaño
vivía de la naturaleza
De la caza y de la pesca
Sembraba y cosechaba
el fruto de su destino
El invierno le habla de recuerdos
Recuerdos gratos que solo se viven una vez
Y que con el tiempo se desvanecen
en la memoria de un hombre solitario
que camino entre muchos con orgullo y sin exceso de palabras
Su cabello ahora es blanco como la espuma
Sus manos llenas de versos
En su mirada una bandera
Y en su ingenio una espada
A quien una vez amo
Se hallaría en condiciones de sociedad
Compra en el colmado la leche y el pan
En la noche cena con su esposo y atiende a sus tres nietos
En el día da clases en una universidad
Abriendo los senderos hacia el mundo
de Edipo rey y Antígona
Todos la respetan
pues la vida la ha hecho sabia
Y gracias a los errores de su juventud
se para frente a la clase firme
con un tono de voz dulce pero fuerte
con una mirada seria pero amable
En su sonrisa cortes hay felicidad
A los pies de la noche que comienza con aguaceros pasajeros
Y brisas que humedecen su rostro suavemente
Piensa en su juventud y recuerda
la gentileza de aquel muchacho misterioso a quien todos temían
y de quien con muros de ignorancia separaban
Y se pregunta: ¿Habrá muerto de amor?
O caminara bajo el tenue sol de la tarde de su día?
El sentado en una sombra frente a un paisaje que atardece color naranja
Piensa en el logro tras su lucha, de la liberación de su espíritu, mente,
y conciencia de las cadenas de una famosa caverna que encierra a billones
Mientras sus ojos lloran sales y vino...