LLanto del portal sombrío

marinof

Poeta adicto al portal
En el umbral de una casa,
hay una madre sentada.
Luce sola y angustiada
viendo la vida que pasa.
De vez en cuando, la abraza
una ráfaga de frío,
y en ese umbral tán sombrío,
altar de los desencuentros,
ella piensa en sus adentros:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Plena de amor y de ojeras,
llena de luz y cobijo
mientras besa un crucifijo,
mira la calle y espera.
En su plegaria sincera,
sabe encontrarla el rocío
y corre al portal vacío
si el viento roza la puerta,
diciendo con frase incierta:
" Cuando vendrás, hijo mío..."​

Y así se pasan los días,
entre consuelos extraños,
ve triste pasar los años
soportando su agonía.
Lágrimas de melancolía
rodean el umbral impío,
ni luna, ni sol bravío
encienden sus emociones,
sólo pide en oraciones:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

A consolarla vinieron
reyes prícipes, mendigos,
parientes viejos, amigos,
pero nada hacer pudieron.
Todos llorando volvieron
al notar su desvarío,
de boca en boca el gentío
aquel caso, comentaba,
de la madre que rezaba:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Y el hijo que estaba lejos
alistando su equipaje,
emprendió, por fin viaje
siguiendo buenos consejos.
Ya siendo un hombre mas viejo
enfrentó el portal sombrío,
tocó el aldabón con brío
y se cayó su hidalguía,
ante un cartel que decía:
"LLegaste tarde, hijo mio..."​

Marino Fabianesi​
 
Marinof bellas letras. Me hizo pensar mucho en los desencuentros de la vida, esos que nos damos cuenta luego de que ya no hay vuelta atrás y miramos para atrás y vemos que hubiera sido tan fácil cambiar el destino y sin embargo muchas veces el orgullo nos impide acercarnos al otro. Muy bella poesía, mis felicitaciones
 
Te lo aplaudo de pie poeta , un placer deleitarme en estos magníficos versos que aunque encierran mucha tristeza deslumbran al lector. Besos y merecidas estrellas.

En el umbral de una casa,

hay una madre sentada.
Luce sola y angustiada
viendo la vida que pasa.
De vez en cuando, la abraza
una ráfaga de frío,
y en ese umbral tán sombrío,
altar de los desencuentros,
ella piensa en sus adentros:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Plena de amor y de ojeras,
llena de luz y cobijo
mientras besa un crucifijo,
mira la calle y espera.
En su plegaria sincera,
sabe encontrarla el rocío
y corre al portal vacío
si el viento roza la puerta,
diciendo con frase incierta:
" Cuando vendrás, hijo mío..."​

Y así se pasan los días,
entre consuelos extraños,
ve triste pasar los años
soportando su agonía.
Lágrimas de melancolía
rodean el umbral impío,
ni luna, ni sol bravío
encienden sus emociones,
sólo pide en oraciones:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

A consolarla vinieron
reyes prícipes, mendigos,
parientes viejos, amigos,
pero nada hacer pudieron.
Todos llorando volvieron
al notar su desvarío,
de boca en boca el gentío
aquel caso, comentaba,
de la madre que rezaba:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Y el hijo que estaba lejos
alistando su equipaje,
emprendió, por fin viaje
siguiendo buenos consejos.
Ya siendo un hombre mas viejo
enfrentó el portal sombrío,
tocó el aldabón con brío
y se cayó su hidalguía,
ante un cartel que decía:
"LLegaste tarde, hijo mio..."​


Marino Fabianesi​
 
En el umbral de una casa,

hay una madre sentada.
Luce sola y angustiada
viendo la vida que pasa.
De vez en cuando, la abraza
una ráfaga de frío,
y en ese umbral tán sombrío,
altar de los desencuentros,
ella piensa en sus adentros:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Plena de amor y de ojeras,
llena de luz y cobijo
mientras besa un crucifijo,
mira la calle y espera.
En su plegaria sincera,
sabe encontrarla el rocío
y corre al portal vacío
si el viento roza la puerta,
diciendo con frase incierta:
" Cuando vendrás, hijo mío..."​

Y así se pasan los días,
entre consuelos extraños,
ve triste pasar los años
soportando su agonía.
Lágrimas de melancolía
rodean el umbral impío,
ni luna, ni sol bravío
encienden sus emociones,
sólo pide en oraciones:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

A consolarla vinieron
reyes prícipes, mendigos,
parientes viejos, amigos,
pero nada hacer pudieron.
Todos llorando volvieron
al notar su desvarío,
de boca en boca el gentío
aquel caso, comentaba,
de la madre que rezaba:
"Cuando vendrás, hijo mio..."​

Y el hijo que estaba lejos
alistando su equipaje,
emprendió, por fin viaje
siguiendo buenos consejos.
Ya siendo un hombre mas viejo
enfrentó el portal sombrío,
tocó el aldabón con brío
y se cayó su hidalguía,
ante un cartel que decía:
"LLegaste tarde, hijo mio..."​


Marino Fabianesi​

Triste historia para llorar...me llego hata lo mas profundo del alma...Un gusto detenerme en estos verosos.
 
Gracias Pablo, tus comentarios, como siempre, me llenan de alegría.
Son tambien un gran aliciente para seguir escribiendo. Espero seguir contando con tu maravillosa calidez.
Marino
 
Gracias Elba, si, son versos tristes. Pero a lo mejor sirven para reflexionar. Cuántos pueden estar cometiendo ese erros,¿no?. Te agradezco infinitamente la visita,
Un gran abrazo...Marino.
 
Gracias compañera, no te pongas triste. Es una poesía que busca hacer reflexionar sobre situaciones así. Te agradezco la visita desde lo mas profundo de mi corazón.
Marino
 

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