En el umbral de una casa,
hay una madre sentada.
Luce sola y angustiada
viendo la vida que pasa.
De vez en cuando, la abraza
una ráfaga de frío,
y en ese umbral tán sombrío,
altar de los desencuentros,
ella piensa en sus adentros:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
hay una madre sentada.
Luce sola y angustiada
viendo la vida que pasa.
De vez en cuando, la abraza
una ráfaga de frío,
y en ese umbral tán sombrío,
altar de los desencuentros,
ella piensa en sus adentros:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
Plena de amor y de ojeras,
llena de luz y cobijo
mientras besa un crucifijo,
mira la calle y espera.
En su plegaria sincera,
sabe encontrarla el rocío
y corre al portal vacío
si el viento roza la puerta,
diciendo con frase incierta:
" Cuando vendrás, hijo mío..."
llena de luz y cobijo
mientras besa un crucifijo,
mira la calle y espera.
En su plegaria sincera,
sabe encontrarla el rocío
y corre al portal vacío
si el viento roza la puerta,
diciendo con frase incierta:
" Cuando vendrás, hijo mío..."
Y así se pasan los días,
entre consuelos extraños,
ve triste pasar los años
soportando su agonía.
Lágrimas de melancolía
rodean el umbral impío,
ni luna, ni sol bravío
encienden sus emociones,
sólo pide en oraciones:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
entre consuelos extraños,
ve triste pasar los años
soportando su agonía.
Lágrimas de melancolía
rodean el umbral impío,
ni luna, ni sol bravío
encienden sus emociones,
sólo pide en oraciones:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
A consolarla vinieron
reyes prícipes, mendigos,
parientes viejos, amigos,
pero nada hacer pudieron.
Todos llorando volvieron
al notar su desvarío,
de boca en boca el gentío
aquel caso, comentaba,
de la madre que rezaba:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
reyes prícipes, mendigos,
parientes viejos, amigos,
pero nada hacer pudieron.
Todos llorando volvieron
al notar su desvarío,
de boca en boca el gentío
aquel caso, comentaba,
de la madre que rezaba:
"Cuando vendrás, hijo mio..."
Y el hijo que estaba lejos
alistando su equipaje,
emprendió, por fin viaje
siguiendo buenos consejos.
Ya siendo un hombre mas viejo
enfrentó el portal sombrío,
tocó el aldabón con brío
y se cayó su hidalguía,
ante un cartel que decía:
"LLegaste tarde, hijo mio..."
alistando su equipaje,
emprendió, por fin viaje
siguiendo buenos consejos.
Ya siendo un hombre mas viejo
enfrentó el portal sombrío,
tocó el aldabón con brío
y se cayó su hidalguía,
ante un cartel que decía:
"LLegaste tarde, hijo mio..."
Marino Fabianesi