Sommbras
Poeta adicto al portal
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Llegarás y tendrás los gestos del amor.
Entonces
El cielo romperá la torre del silencio y tendrá tu risa.
Gaviotas serán sedales, palmeras bueyes de los cielos.
Cajas de clavos enjambres de mosquitos estarán.
Aparecerás en sol y brindarás desde tu mirada ciruelas.
Nuestro beso nacerá en justicia magnética.
Y en él saborearemos cocoteros osos tigres
geranios, oscuridades cambiantes y caramelos de color.
Nuestros ojos saldrán del beso con leche de infancia.
Las barcas no estarán anudadas ni el mar amurallado.
De la mano los otros paseantes llevarán lluvias de loros.
Y nuestra triste mudez alcanzará el orgasmo humeante.
El día en el puerto pasará como una ola en bandolera.
Dormir contigo ilícitamente entre las ramas de las estrellas.
Es temprano todavía en este puerto, me oyes.
No han sido domesticadas las aceras de las calles, me oyes.
Te amo, me oyes. Te tengo y te beso y te llevo y te visto.
Llegará el día, Penélope, me oyes.
No voy a ninguna parte, me oyes.
Y en el tren tú partirás sin el zapato de cristal
Saldrás de mí con un corazón sin encuestas.
Hacia el cielo deslizaremos nuestros ojos de risa y de calabaza.
Y será otra la luna, y no habrá más nubes.
Y la tristeza nos sonreirá, burlona, desde su tumba.
...
..
.
Jesús Soriano
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Llegarás y tendrás los gestos del amor.
Entonces
El cielo romperá la torre del silencio y tendrá tu risa.
Gaviotas serán sedales, palmeras bueyes de los cielos.
Cajas de clavos enjambres de mosquitos estarán.
Aparecerás en sol y brindarás desde tu mirada ciruelas.
Nuestro beso nacerá en justicia magnética.
Y en él saborearemos cocoteros osos tigres
geranios, oscuridades cambiantes y caramelos de color.
Nuestros ojos saldrán del beso con leche de infancia.
Las barcas no estarán anudadas ni el mar amurallado.
De la mano los otros paseantes llevarán lluvias de loros.
Y nuestra triste mudez alcanzará el orgasmo humeante.
El día en el puerto pasará como una ola en bandolera.
Dormir contigo ilícitamente entre las ramas de las estrellas.
Es temprano todavía en este puerto, me oyes.
No han sido domesticadas las aceras de las calles, me oyes.
Te amo, me oyes. Te tengo y te beso y te llevo y te visto.
Llegará el día, Penélope, me oyes.
No voy a ninguna parte, me oyes.
Y en el tren tú partirás sin el zapato de cristal
Saldrás de mí con un corazón sin encuestas.
Hacia el cielo deslizaremos nuestros ojos de risa y de calabaza.
Y será otra la luna, y no habrá más nubes.
Y la tristeza nos sonreirá, burlona, desde su tumba.
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Jesús Soriano
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