Llegaste
Llegaste al ocaso
de mi vida como el amparo,
del fuego ardiente que tenazmente
alumbraba los escombros
de un corazón en reparo,
que para sanar te esperaba.
Llegaste cuando las líneas
en mi frente anuncian el paraíso,
¡Mas no importa!
Mis años en otoño
gozan de tu primavera.
Llegaste tarde a mi vida
porque Dios así lo quiso,
y fue para dedicarte mi vida entera.
La existencia que me queda
rebosará de amor y alegría.
Mucha paz y ternura me espera
para gozar en tu compañía.
Y si parto primero a la eterna vida,
mientras llegas
levantaré nuestro regazo;
para seguirnos amando
en la tierra prometida,
donde te recibiré
con un beso y un abrazo.