Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
LLEGUÉ TARDE A NUESTRA DESPEDIDA
El tiempo que desde antaño jamás tuvo amigos
El reloj y el calendario es maldito para siempre
Asustado por las voces decidí partir
me agobio tanto ruido, el tener que decidir.
Una noche de luceros de seda en el cielo
temblaron nuestras piernas y perdimos el riego.
Se tumbaron las farolas esa noche al vernos pasar
cada cual por su lado, tú la tierra y yo el mar.
Encogido de hombros no supe que contestar
a unas copas de cava ni a tu ceño frugido
Por si acaso se me olvidaba con cuidado declaré
que en ningún momento fastidar lo nuestro intenté.
Pero para entonces tú ya no estabas en la orilla
te mojaste los zapatos, los tiraste y te largaste.
Y aquí tan sólo me dejó el aire una de sus brisas
que traían perfumes de muestra pero no salvavidas.
Una noche de luceros como aquella tan bonita
arrepentí en mi corazón de piedra no pedirte tu amor
me senté en el rompeolas que varaba nuestros días
a escribirte que te quise aunque lo dijera a escondidas.
El tiempo que desde antaño jamás tuvo amigos
El reloj y el calendario es maldito para siempre
Asustado por las voces decidí partir
me agobio tanto ruido, el tener que decidir.
Una noche de luceros de seda en el cielo
temblaron nuestras piernas y perdimos el riego.
Se tumbaron las farolas esa noche al vernos pasar
cada cual por su lado, tú la tierra y yo el mar.
Encogido de hombros no supe que contestar
a unas copas de cava ni a tu ceño frugido
Por si acaso se me olvidaba con cuidado declaré
que en ningún momento fastidar lo nuestro intenté.
Pero para entonces tú ya no estabas en la orilla
te mojaste los zapatos, los tiraste y te largaste.
Y aquí tan sólo me dejó el aire una de sus brisas
que traían perfumes de muestra pero no salvavidas.
Una noche de luceros como aquella tan bonita
arrepentí en mi corazón de piedra no pedirte tu amor
me senté en el rompeolas que varaba nuestros días
a escribirte que te quise aunque lo dijera a escondidas.