Llenos de ira-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Me encantaría guardar silencio

por una vez por mil veces ser austero

o ausente, en los niveles afrodisíacos,

morir por una sola vez, fuera la lluvia,

con sus pinos verdes, ofreciendo su larga

raíz húmeda a solares descompuestos y abandonados





la luz cae como una pavesa molesta

sobre las tardes sin luz, el ruido de fuera

atrapa con su canción, huestes irreales,

de luz pragmática o acero, acaso llanto.



Yo miro el devenir sucio de tanta amargura

la exigua cloaca en la que todo se vierte con fuerza

de huracán, lloro, las realidades desabridas

que el viento a veces me hace acoger en mi vientre

tierno, no soy por eso más duro

aunque tampoco más vil, sin duda las celosías

de las puertas marcan el pecado glosado, las narices

llenas de ira, y los manantiales apenas respiran

muerte.



Soy más de los complejos de las avenidas

de lo que fuera llueve, atardeciendo tan lentamente,

como una mano que portara en su interior de madera

una flor perfumada, un espasmo de silencio.



Y miro más

largas vacas pastando en azules desniveles,

céspedes sepultados por las jerarquía de los hombres,

y se tropiezan como hélices locas las palabras

en mi manto de nieve, luego busco la vida ando la muerte,

resisto entre tanto con tanto muerto en mi vida.



Imploro una sucesión de nubes

formo las llamas con mis dedos de madera,

en los ríos crecen las avenidas del hombre.



©
 

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