Las nubes vaporosas donde canta la lluvia,
los renglones torcidos de Dios
y mi punta de pluma como un bisturí de diamante
a punto de atravesar los folios multidimensionales
para inundarme otra vez en la esperanza,
en la palmada de un bruto abrazo;
encuentro a veces los fósforos
en esta caja de cerillas del mundo
en este lugar inacabado
que forma un lugar sin nombre.
Veo a veces cuando tomo un café
posos de planetas,
pienso que el ser humano puede
pisar el borde de sus límites.
Me despierto a veces creyendo
que el pensamiento es claro como el agua
y la conciencia puede derribar murallas,
el té caliente de unos labios de universo
enjuagados en menta virgen y flores secretas,
el trozo de azúcar para endulzar el negro día,
el calor de madrugada inyectada en las venas.
Aquí,sin patria y sin dioses
en un país de azules espejos
y rocas como cuerpos incendiados,
intento comprender el giro de la vida,
ese gas incombustible,
esa arquitectura de estatuas.
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