Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
Desde las arenas saladas
el cantar de los gorriones
resuenan en hebreo en la Mezquina
de cal y calcopiritas decorada.
El sonido de niños en las calles
el trote imperial de los Zelotes
se mezcla en el jazmín inmaculado
del canto oratorio de la joven Haza.
Desde los campos de olivo y cerveza
de las colinas de Hula y Jordán
hace ruta peregrina la bella israelí
a la ciudad de oro y salmos.
Reza y ruega que no troceen sus raíces
suspira entre incienso y azafrán una oportunidad
grita entre lágrimas un segundo de paz
Su piel se quema y eriza como cualquier mortal.
La estrella de David tiembla de miedo
Las doce tribus cambian de color su bandera flagelada
Mudándose sin saber porqué del azul y blanco
Al más humano y profundo rojo.
Alza sus manos junto al resto de semitas y fieles
a la cúpula dorada sobre planeada de aviones
tiemblan los candelabros y la ceniza se extiende por el piso
Suenan sirenas de alerta y se cierran las puertas.
Abdil salió a recogerle unas cerámicas a casa de ella
Donde se educó y creció a pies de sus tías
Lavaban y criban las piedras pulidas del río
Y las dejaban dentro de aquellas vasijas que venderían.
Abdil cruzó las malezas para recatar de las ruinas
Aquellas vasijas que son recuerdo vivo de su familia
Prometido de ella, no alcanza los deseos débiles de su amada
Y fallece a camino baldío de camino de vuelta.
Silban y se mecen los velos con el aire fresco del hinojo y naranjo
Llora y suplica la joven pues presiente que algo falló
Candela de aceite que apagó su luz antes de ser encendida
Suspiran cien mujeres el destino agrio de su pueblo.