beto178
Poeta recién llegado
Por que te vas y muero
callado en la ausencia
y el delirio de tu canto.
Muerdo la soledad como la piel
del ensueño difuso en lo hostil,
lejos de ti, lejos de todo.
Arrúllame en tu manto llorona
hasta la muerte, hasta el elixir
de la frialdad de tu garganta
en la nebulosa claridad
de la noche sin estrellas.
Arrúllame en la claridad
del cielo oscuro en pleno amanecer
en la maldad humana vuelta piedra
porque necesito de tus consonantes
para morir asfixiado en la penumbra.
Porque vivo de tus armonías
lejos de la impiedad del universo
como un paseo celestial
a lo profundo del sueño eterno
que causa la rosa marchita
de un jardín solemne.
En medio de la luna
como sembrando eternidad
en la nada...
Porque vives en la eterna luz
de mi ser cautivo y palpitante
porque te veo en la eterna agonía
porque el claroscuro se aleja en tu piel.
Mátame con un beso de amor
muéreme en tu celda fúnebre
como muere la flor marchita.
Ese tu canto como de sirena
hechiza el navío naufrago
de mi soledad henchida.
Como un malestar en mi sien
te siento en la penumbra noche
calma mi dolor con tu manto sacro.
Juega con mis ojos a tu antojo
como canicas claras de sol
una materia inconsciente que se mezcla y se pierde.
Tu barro se torna gris al juntarse,
al colocarse junto al mío
el elixir vital se conjuga a la par
en una danza eterna repleta de canela.
El ciclo del viento se vuelve absoluto
cuando la naturaleza pierde su ritmo
cuando mi soledad se vuelve tu canto
cuanto el sol se esconde tras la luna.
El cielo llora cuando no llegas
cuando el río seca su paso llano y solitario
cuando mi alma se nubla en la voz de mi ser
cuando la tierra reclama tu cuerpo estéril.
Arrúllame en tu manto llorona
hazme sentir tu gélido aliento en mi ser
abrázame como abrazas la soledad
como arrullas el sueño del que te mira.
Arrúllame en tu manto llorona
como se arrulla lo eterno entre cantos de sirenas
como se vuelve polvo la fertilidad de tu ser
envuélveme en tu manto sacro de esperanza
como envuelvo la impiedad de mi alma.
Acaríciame con tus gélidos huesos
pasa tus descarnados dedos sobre mi rostro
necesito de ti como tu necesitas de la oscuridad
bésame con frialdad, apaga la llama de mi alma.
Muéreme con un beso de amor
como mueren las rosas marchitas
como perecen los decrépitos seres banales.
Toma mi mano y extingue la llama vital
de todo cuanto hay por tu sendero,
envuelve con tu oscuridad mi alma henchida
arrúllame en tu manto sacro llorona.
El agua emana de mis ojos
cual manantial en la espesura del bosque
para invocar tu misteriosa tristeza.
El viento no interrumpirá jamás
tu halo de gloria, esa aura dorada
que me impulsa a morir por siempre
déjame ser eterno a tu lado.
Quiero sentir tu aliento frío y fugaz
en medio de la espesa niebla en esta noche,
noche sin luna, sin estrellas, cual filo de tu guadaña.
Quiero saberte a mi lado, envuelta en la eterna
vida de todo lo muerto en aquel valle,
ese de donde salen las animas sin descanso.
Quiero pagar tu deuda eterna a tu lado
rodeado de las notas de tu canto
envuelto en tus flores muertas
como alientos de cempasúchil.
Envuélveme en tu inmaculado vestido
mientras disfruto la colosal agonía de tu canto
arrúllame con la frialdad de tu presencia
arrúllame en tu manto llorona
hasta la fertilidad de la muerte.
callado en la ausencia
y el delirio de tu canto.
Muerdo la soledad como la piel
del ensueño difuso en lo hostil,
lejos de ti, lejos de todo.
Arrúllame en tu manto llorona
hasta la muerte, hasta el elixir
de la frialdad de tu garganta
en la nebulosa claridad
de la noche sin estrellas.
Arrúllame en la claridad
del cielo oscuro en pleno amanecer
en la maldad humana vuelta piedra
porque necesito de tus consonantes
para morir asfixiado en la penumbra.
Porque vivo de tus armonías
lejos de la impiedad del universo
como un paseo celestial
a lo profundo del sueño eterno
que causa la rosa marchita
de un jardín solemne.
En medio de la luna
como sembrando eternidad
en la nada...
Porque vives en la eterna luz
de mi ser cautivo y palpitante
porque te veo en la eterna agonía
porque el claroscuro se aleja en tu piel.
Mátame con un beso de amor
muéreme en tu celda fúnebre
como muere la flor marchita.
Ese tu canto como de sirena
hechiza el navío naufrago
de mi soledad henchida.
Como un malestar en mi sien
te siento en la penumbra noche
calma mi dolor con tu manto sacro.
Juega con mis ojos a tu antojo
como canicas claras de sol
una materia inconsciente que se mezcla y se pierde.
Tu barro se torna gris al juntarse,
al colocarse junto al mío
el elixir vital se conjuga a la par
en una danza eterna repleta de canela.
El ciclo del viento se vuelve absoluto
cuando la naturaleza pierde su ritmo
cuando mi soledad se vuelve tu canto
cuanto el sol se esconde tras la luna.
El cielo llora cuando no llegas
cuando el río seca su paso llano y solitario
cuando mi alma se nubla en la voz de mi ser
cuando la tierra reclama tu cuerpo estéril.
Arrúllame en tu manto llorona
hazme sentir tu gélido aliento en mi ser
abrázame como abrazas la soledad
como arrullas el sueño del que te mira.
Arrúllame en tu manto llorona
como se arrulla lo eterno entre cantos de sirenas
como se vuelve polvo la fertilidad de tu ser
envuélveme en tu manto sacro de esperanza
como envuelvo la impiedad de mi alma.
Acaríciame con tus gélidos huesos
pasa tus descarnados dedos sobre mi rostro
necesito de ti como tu necesitas de la oscuridad
bésame con frialdad, apaga la llama de mi alma.
Muéreme con un beso de amor
como mueren las rosas marchitas
como perecen los decrépitos seres banales.
Toma mi mano y extingue la llama vital
de todo cuanto hay por tu sendero,
envuelve con tu oscuridad mi alma henchida
arrúllame en tu manto sacro llorona.
El agua emana de mis ojos
cual manantial en la espesura del bosque
para invocar tu misteriosa tristeza.
El viento no interrumpirá jamás
tu halo de gloria, esa aura dorada
que me impulsa a morir por siempre
déjame ser eterno a tu lado.
Quiero sentir tu aliento frío y fugaz
en medio de la espesa niebla en esta noche,
noche sin luna, sin estrellas, cual filo de tu guadaña.
Quiero saberte a mi lado, envuelta en la eterna
vida de todo lo muerto en aquel valle,
ese de donde salen las animas sin descanso.
Quiero pagar tu deuda eterna a tu lado
rodeado de las notas de tu canto
envuelto en tus flores muertas
como alientos de cempasúchil.
Envuélveme en tu inmaculado vestido
mientras disfruto la colosal agonía de tu canto
arrúllame con la frialdad de tu presencia
arrúllame en tu manto llorona
hasta la fertilidad de la muerte.