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Llorando de miedo

Alas de marioneta

Poeta asiduo al portal
Lloraba de miedo,

me destrozaba los huesos contra una esquina,

me arrancaba por dentro

y mis entrañas por la cama, renunciando a la vida.


Lloraba de miedo,

me desabrochaba los zapatos para caer a la deriva,

tropezaba con mis "no quiero"

y como siempre, cerraba los ojos para verla dormida.


Abría los brazos bajo la almohada, pero ya sin su pelo,

decorando cada poro de piel que me quedaba por encima

de unas venas tan llenas de querer ser lo que no tengo

que no me quedaba nada más que un par de pulmones para llorar que la quería.


Lloraba de miedo

me levantaba de la cama para que volviera a quedarse fría,

porque no merecía el calor de más sangre que la que daría por su beso,

ni más descanso, que el de cuando podía descansar junto a sus caricias.


Pero si, seguía llorando de miedo,

cada vez que entraba en su casa, aunque llorara a escondidas,

con tantas visitas al lavabo que ya, me saludaba hasta el espejo

y me sacaba de vez en cuando, alguna vez, alguna sonrisa.


Hasta que una noche, me miré por dentro

y descubrí que mi vida, merecía ser vivida,

para volver a nacer a su lado y en cada vida, decirle que la quiero

y que si al volver a nacer no la encuentro, de tanto llorar, me moriría.
 
Última edición:
Lloraba de miedo,

me destrozaba los huesos contra una esquina,

me arrancaba por dentro

y mis entrañas por la cama, renunciando a la vida.


Lloraba de miedo,

me desabrochaba los zapatos para caer a la deriva,

tropezaba con mis "no quiero"

y como siempre, cerraba los ojos para verla dormida.


Abría los brazos bajo la almohada, pero ya sin su pelo,

decorando cada poro de piel que me quedaba por encima

de unas venas tan llenas de querer ser lo que no tengo

que no me quedaba nada más que un par de pulmones para llorar que la quería.


Lloraba de miedo

me levantaba de la cama para que volviera a quedarse fría,

porque no merecía el calor de más sangre que la que daría por su beso,

ni más descanso, que el de cuando podía descansar junto a sus caricias.


Pero si, seguía llorando de miedo,

cada vez que entraba en su casa, aunque llorara a escondidas,

con tantas visitas al lavabo que ya, me saludaba hasta el espejo

y me sacaba de vez en cuando, alguna vez, alguna sonrisa.


Hasta que una noche, me miré por dentro

y descubrí que mi vida, merecía ser vivida,

para volver a nacer a su lado y en cada vida, decirle que la quiero

y que si al volver a nacer no la encuentro, de tanto llorar, me moriría.
Una dulce y profunda poesía de amor.
Cargada de ansiedad, esperanza y nostalgia.

Saludos
 
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