Manuel San José
Poeta recién llegado
Llorando, sintiendo
el los ojos la humedad de la nostalgia,
de las penas, los trabajos,
las desgracias
Llorando, mezclando
con sudores de una vida esclava
las lágrimas, parte de mi que a gritos
pide ser liberada.
Llorando, sintiendo
como se me turba la mirada
mirando en las tinieblas, con tristeza,
la lontananza amarga.
Llorando y recordando
los ojos de mi amada
cuando le dije que querer es pena
queriendo en la distancia.
Llorando y sufriendo,
día a día, la opresión de una raza,
el desprecio que para mal de males
se une a la desgracia.
Llorando, pidiendo
al cielo me proteja de penitencia tanta,
que si pidiese venganza en los pecados
a tal extremo no llegaría su rabia.
Llorando..., ¿para que?,
si ya mis lágrimas nadie va a secarlas,
nadie me ofrecerá mano de amigo
y estas penas nadie ha de aliviarlas.
Llorando sí, pero ya harto
de tanto estar llorando para nada,
las lágrimas se secan en la tierra
y nunca llegan a convertirse en riada.
Soñando y mirando,
una vez mas, la lontananza amarga
pensando acaso que llegara el día
que tanta incertidumbre se acabara.
Odiando día a día
con mas fuerza la emigración malvada,
rabiando porque se acabe el tiempo,
sufriendo por retornar a casa.
el los ojos la humedad de la nostalgia,
de las penas, los trabajos,
las desgracias
Llorando, mezclando
con sudores de una vida esclava
las lágrimas, parte de mi que a gritos
pide ser liberada.
Llorando, sintiendo
como se me turba la mirada
mirando en las tinieblas, con tristeza,
la lontananza amarga.
Llorando y recordando
los ojos de mi amada
cuando le dije que querer es pena
queriendo en la distancia.
Llorando y sufriendo,
día a día, la opresión de una raza,
el desprecio que para mal de males
se une a la desgracia.
Llorando, pidiendo
al cielo me proteja de penitencia tanta,
que si pidiese venganza en los pecados
a tal extremo no llegaría su rabia.
Llorando..., ¿para que?,
si ya mis lágrimas nadie va a secarlas,
nadie me ofrecerá mano de amigo
y estas penas nadie ha de aliviarlas.
Llorando sí, pero ya harto
de tanto estar llorando para nada,
las lágrimas se secan en la tierra
y nunca llegan a convertirse en riada.
Soñando y mirando,
una vez mas, la lontananza amarga
pensando acaso que llegara el día
que tanta incertidumbre se acabara.
Odiando día a día
con mas fuerza la emigración malvada,
rabiando porque se acabe el tiempo,
sufriendo por retornar a casa.