Cuando permanecemos abrazados
y en silencio, basta cerrar los ojos
y deslumbrarse en la otra piel,
basta abrirse al aroma de unos labios
para sentirse ileso.
Lloras. La pasión que apremia. ¿Qué llaga
la sedienta dermis que se eriza?
Imagina el mar.
La tímida luna que se sonroja.
Cada ola el arrullo de un suspiro.
El ígneo escalofrío. Flaqueza
a un atrevido roce de mi mano.
Cuando estoy triste, tú me lloras
y yo, en silencio, lloro, respiro,
bebo, celoso de tu turbia boca,
la ofrenda de tus pudorosas lágrimas.
(Todos los derechos reservados. Yesquero 2006)
y en silencio, basta cerrar los ojos
y deslumbrarse en la otra piel,
basta abrirse al aroma de unos labios
para sentirse ileso.
Lloras. La pasión que apremia. ¿Qué llaga
la sedienta dermis que se eriza?
Imagina el mar.
La tímida luna que se sonroja.
Cada ola el arrullo de un suspiro.
El ígneo escalofrío. Flaqueza
a un atrevido roce de mi mano.
Cuando estoy triste, tú me lloras
y yo, en silencio, lloro, respiro,
bebo, celoso de tu turbia boca,
la ofrenda de tus pudorosas lágrimas.
(Todos los derechos reservados. Yesquero 2006)