Viví Massares
Poeta recién llegado
Toma mis propias uñas y escarba sin piedad
el barro que me cubre las heridas,
tú que dices saber en donde estoy
cuando me voy del tiempo
y dices que en mis ojos se levanta la noche
para violar la luz de tu mirada
y arrastrar al infierno tu consciencia.
Abre en canal mi aliento
para buscar tu nombre entre los tantos
que quedaron al pie de los destrozos
de la carne inmolada entre sábanas pobres
y promesas que nunca he pronunciado,
tú que dices guardarme
en el aroma ileso de un instante
que mi piel no recuerda.
Yo, que he visto caer desde mis dedos
las ciudades del llanto y la piedad
sobre mil desencantos y derrotas
voy a guiarte al centro del escarnio
al que, dices, te aferra mi dolor:
Estoy llena de mí.
No cabe en mi universo otra deidad
ni vuelan en mis cielos más palabras
que las que yo me digo.
Y si ves con cuidado, mi hombre triste,
en el patio trasero de mi vida
puse a secar al sol tu vanidad
y la de los que osaron
creer que una mujer nata del fuego
y amamantada en la inquietud del alba
fundaría sus cárceles eternas
en lo que sólo pasa.
Un día entenderás
que si mi llanto inunda amaneceres
es porque cuento cruces de vosotros:
los inocentes que entregué a mi cuerpo,
como en un juego, el niño,
entrega a un perro su mejor muñeca,
y sé que aun vendrán otros al cadalso
con la sonrisa en pie y el alma en vilo
a sustentar latidos en La Roca.
Jamás te amé. Es cierto lo que afirmas.
El rostro del amor no me conoce
ni cargo deuda alguna
con lo que no subsiste en los suspiros
ni entibia el corazón, mirando atrás.
Deja la culpa por lo que no ha sido:
Lloro por mí, lo único que tengo,
la única Bestia que en verdad me importa.
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