Llueve tu aliento en las honduras de mi alma.
Una suave brisa me acaricia, me arrastra hacia
el céfiro mortal de una despiadada trampa.
Sabes. En ocasiones pienso en la lejanía
de tu querer, en lo distante que se encuentran
tus ideas y las mías.
Llueve soledades en mi alma a espesos manantiales.
Me sobrecojo en el aire y pienso en la interminable
vida llena de abrojos en la cual vivo adherido.
Solo tú lo eras. La ficción de mi pensamiento.
La única aurora que deslumbraba radiosamente en el
cerrado cofre de mí pecho.
Llueve recuerdos en mi alma con gran disturbio.
Me distraigo de la noche, del instante propicio del mundo
y así intento desvanecer un fragmento de tu cuerpo.
Vuelo tan alto sin ser visto pero mi dolor es tan hondo.
Es incurable está herida, este dolor incubado en las espesuras
de mis días de incontrolable tedio.
Llueve amores en mi alma como un volcán enfurecido.
Intento sacudirme de ti, del aire respirable que me trae tu aroma
tu preciso matiz de esmeraldas y espinas.
Las horas y los días son solo disfraces de mi vida.
Desvanezco entre el aire entre sombras distantes de ti.
Soy un hondo agujero de ancianidad.
Llueve el desasosiego en mi alcancía vacía.
Me revuelco en el piso como si fuese un perro atragantado
con la herida fría de una despiadada espada.
¡Yo te amo! Y aun brilla tu luz frente a mi alcoba.
El reflejo de las ramas, la esfera de la luna se divisan ante mí
para recordarme tu existencia.
Llueve ¡y no para de llover!
………………………………………………………………
Las olas me juntan al mar.
¡Al mar! donde mi pena para siempre enterare.
Una suave brisa me acaricia, me arrastra hacia
el céfiro mortal de una despiadada trampa.
Sabes. En ocasiones pienso en la lejanía
de tu querer, en lo distante que se encuentran
tus ideas y las mías.
Llueve soledades en mi alma a espesos manantiales.
Me sobrecojo en el aire y pienso en la interminable
vida llena de abrojos en la cual vivo adherido.
Solo tú lo eras. La ficción de mi pensamiento.
La única aurora que deslumbraba radiosamente en el
cerrado cofre de mí pecho.
Llueve recuerdos en mi alma con gran disturbio.
Me distraigo de la noche, del instante propicio del mundo
y así intento desvanecer un fragmento de tu cuerpo.
Vuelo tan alto sin ser visto pero mi dolor es tan hondo.
Es incurable está herida, este dolor incubado en las espesuras
de mis días de incontrolable tedio.
Llueve amores en mi alma como un volcán enfurecido.
Intento sacudirme de ti, del aire respirable que me trae tu aroma
tu preciso matiz de esmeraldas y espinas.
Las horas y los días son solo disfraces de mi vida.
Desvanezco entre el aire entre sombras distantes de ti.
Soy un hondo agujero de ancianidad.
Llueve el desasosiego en mi alcancía vacía.
Me revuelco en el piso como si fuese un perro atragantado
con la herida fría de una despiadada espada.
¡Yo te amo! Y aun brilla tu luz frente a mi alcoba.
El reflejo de las ramas, la esfera de la luna se divisan ante mí
para recordarme tu existencia.
Llueve ¡y no para de llover!
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Las olas me juntan al mar.
¡Al mar! donde mi pena para siempre enterare.
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