capidel
Poeta recién llegado
Llueve,
florecen micelios negros sobre nuestras cabezas.
El agua barre
cualquier error de nuestros actos,
moldea otra ciudad sin termino.
Llueve,
el parte meteorológico grita que también mañana
y yo me alegro por el hombre y su terruño,
me alegro por el trigo que al fin renacerá;
En los días de labor sin descanso
sus millones de campanas líquidas
me hacen olvidar esa musiquilla estúpida
que no elegimos, pero merecemos.
Llueve,
las gargantas resecas de las alcantarillas
beben su funcionalidad
y en los autobuses el vaho no deja ver el exterior.
Llueve,
volviendo a casa contento,
porque allí me esperas tú,
la hermana melliza de las nubes,
porque sé que me lloverás en los ojos
secos de mirar el fondo de las cosas
florecen micelios negros sobre nuestras cabezas.
El agua barre
cualquier error de nuestros actos,
moldea otra ciudad sin termino.
Llueve,
el parte meteorológico grita que también mañana
y yo me alegro por el hombre y su terruño,
me alegro por el trigo que al fin renacerá;
En los días de labor sin descanso
sus millones de campanas líquidas
me hacen olvidar esa musiquilla estúpida
que no elegimos, pero merecemos.
Llueve,
las gargantas resecas de las alcantarillas
beben su funcionalidad
y en los autobuses el vaho no deja ver el exterior.
Llueve,
volviendo a casa contento,
porque allí me esperas tú,
la hermana melliza de las nubes,
porque sé que me lloverás en los ojos
secos de mirar el fondo de las cosas