Lluvia de flores...la catarsis.

Porfirio Mayo

Poeta recién llegado
Lluvia de flores
III
Esa vez llovió todo el día,
Toda la tarde, toda la noche…
Llovió toda la semana,
Llovió todo el mes.
Era septiembre.
Los ríos se desbordaron
El Charco Choco arremetió con toda su furia
Las aguas arroparon las cosechas
Las bestias se asustaron
Las aves volaron
Las vacas bufaron.
Las calabazas se fueron con la corriente
Y las flores de Cempasúchil se ahogaron
Y las mazorcas…el maíz.
La noche duró veinte días
El sol se fue quién sabe a donde
Los lodos mordían nuestros pies
Como si fueran perros hambrientos
Los peces jugaban en los patios de nuestras casas
Los camarones se subían al árbol de mango
Y los jalmíches chapaleaban en la cocina
Y los conejos titilaban en los techos de las casas
Y los Cuatetes nos picaban con sus espinas
La leña mojada
Todo mojado
No había que comer
Todo yacía anegado.
IV
Yo andaba en chores
Yo siempre andaba en chores
Yo soy Cuautli
Yo escuchaba a Kalimán
Y a Porfirio Cadena
Y a veces otras novelas
Yo olía las flores del mango
Y las flores del almendro
Yo me mecía entre las ramas del guamúchil
Yo me dejaba llevar por los brazos del
Charco Choco
Yo hablaba con los peces
Con los Cuatetes y los Jalmiches
Con los Hala guates y los endocos.
Yo ordeñaba las vacas
Yo soy Cuautli.
Yo jugaba con José y con Hilario
A escondidas, pero Hilario no me veía
Pero Hilario nunca me hallaba
Nunca me halló
Layo le decían…le decíamos.
Yo lo veía cortar los Tamarindos que abril paría.
V
Éste era uno de tantos días
la mañana era blanca y transparente
Papá me puso en una silla
La viga estiraba su mano
Y una soga en mi cuello colgaba
La silla a mis pies soportaba
Mis ojos henchidos
Mis ojos sin lágrimas
Mis ojos desorbitados
Mi boca callada
Mi boca seca
Mi cuello rojo
Mis manos atadas
En las colinas de la mesa
Las hormigas merodeaban
Los granos de azúcar que se acababan
Mis manos blancas que sangraban.
Eran las diez de la mañana
O las doce quizá
La radio cantaba el ave maría
La sangre escurría por mis manos
La ventana se asomaba a veces involuntaria,
Mi voluntad quebrada
Mis sentimientos en hojas blancas
Mis emociones que lejos volaban
Mis ojos que ya no lloraban
Mis ojos que ya no tenían miedo
Mis ojos vacíos
Mis ojos muertos.
Sólo tenía un deseo
Que mamá no apareciera
Que mamá no me mirara en ese estado
Que el cenzontle no cantara ahora
Que el cenzontle no cantara tan triste
Que el cenzontle no esgrimiera su llanto
En la arboleda de a lado
Por que mordería mis labios
Por que caería sobre mí el desvarío.
La mesa compasiva
Quieta estaba…la chimenea…
Los árboles, la casa
La silla que no se movía
El humo que no se apagaba
El día que empezaba
Las flores que no olían
El canto de los gallos…el canto
De los gallos… ¿Dónde andaba?
Mi cuello atado
La puerta cerrada
La mañana que no se acababa…
VI
Alguien llegó y desató mis manos
Mi cuerpo entumido
La silla quieta
Mi boca callada
Mis ojos fríos
La soga suelta
Los ojos ajenos que lloraban
El cuerpo ajeno que temblaba
¿Sería Nacho?
¿Sería José?
¿Sería Hilario?
No lo sé
No lo recuerdo ahora
Sólo sé que sus ojos lloraban
Sería un alma perdida
Seria un alma en pena
Una criatura inocente,
Un ángel de la guarda
Que llegó tarde
Una sombra buena
Que llora por nada
Quizá…
No debo darle las gracias.
No debo sentir nada
No siento nada.
Quizá espera un beso
Quizás me incline ahora
Quizás deba permitírselo
Quizás deba agradecérselo
Quizás le ame.
 

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